Anima mundi: el alma del mundo, de Platón a Jung

Durante más de veintitrés siglos se ha dicho que el mundo tiene alma, y cada época quiso decir algo distinto. Este es el recorrido con los textos que se pudieron leer, y una escala musical que Platón describe con números y que puedes oír.

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«Anima mundi» es latín, y en el Timeo de Platón no aparece con esas palabras. Lo que aparece es una afirmación: que el mundo es un ser vivo, con alma y con inteligencia. De esa frase salió una de las ideas más largas de la historia del pensamiento, y cada época la usó para algo distinto. Este proyecto lleva ese nombre, y conviene saber de dónde viene. Va aquí el recorrido con los textos que pude leer; lo que sólo conozco de segunda mano lo digo en cada caso.

Platón: un mundo vivo, contado como «relato verosímil»

En el Timeo, el personaje que da nombre al diálogo explica cómo un Creador ordenó el mundo. Antes advierte que él es un mortal y que quienes lo juzgan también lo son, así que hay que aceptar «el relato que es verosímil» y no preguntar más.1 Conviene tenerlo presente: Platón lo ofrece como probable, no como demostrado.

El Creador razona así: nada sin inteligencia puede ser más bello que lo inteligente, y la inteligencia no puede darse en algo que no tenga alma. Por eso, al construir el universo, «puso la inteligencia en el alma y el alma en el cuerpo», y el mundo llegó a ser «un ser vivo verdaderamente dotado de alma y de inteligencia».1 De esa frase sale todo lo demás.

El alma del mundo lleva receta. Se hace con tres ingredientes: lo indivisible e inmutable, lo divisible que tiene que ver con los cuerpos, y una tercera clase de esencia intermedia, hecha de «lo mismo» y «lo otro».1 Es anterior y más antigua que el cuerpo, y su cometido es gobernarlo. Está extendida desde el centro hasta la circunferencia del cielo, al que envuelve por fuera; y aunque el cuerpo del cielo se ve, ella es invisible y participa de la razón y de la armonía.1

La receta se puede oír

Después de la mezcla, el Creador la corta en porciones según una regla: 1, 2, 3, 4, 9, 8 y 27, que son dos series, la de las potencias de 2 (1, 2, 4, 8) y la de las de 3 (1, 3, 9, 27). Rellena los huecos con medias hasta que aparecen intervalos de 3/2, 4/3 y 9/8; llena los de 4/3 con pasos de 9/8, y queda un resto que el texto da como la razón de 256 a 243.1

Ahí no hay misticismo: hay cuentas, y se comprueban. En el bloque de abajo, la aritmética con fracciones exactas dice que dos pasos de 9/8 y ese resto suman justo un 4/3, y que los siete pasos juntos suman una octava. Y al pulsar, se oye. Ojo con lo que es y lo que no es: el pasaje habla de proporciones y de intervalos, no de notas. Que esas proporciones sean las de la escala que la tradición llamó pitagórica es la lectura habitual, y aquí no la respaldo con ningún comentario. Lo que sí puedes comprobar tú es la cuenta.

Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Toma los números del Timeo —los pasos de 9/8 y el resto de 256/243— y comprueba con fracciones exactas que dos pasos de 9/8 y el resto dan 4/3, y que los siete pasos dan una octava, es decir, 2. Además toca las ocho notas que resultan.

Plotino: el Alma del Todo y las nuestras

Unos seis siglos después, en el siglo III, Plotino relee a Platón. En su tratado sobre el descenso del alma al cuerpo observa que en el Timeo Platón «exalta el cosmos y lo llama un dios bienaventurado», y que el alma se dio al mundo por la bondad del Creador para que el conjunto de las cosas tuviera intelecto. De ahí saca una consecuencia: el alma del Todo es enviada al mundo desde Dios, y «del mismo modo es enviada el alma de cada uno de nosotros, para que el universo esté completo».2 Nuestras almas, en ese texto, no son un accidente: son parte de cómo el mundo se completa.

Ese tratado empieza con una confesión personal, rara en un filósofo antiguo: «Muchas veces me ha sucedido: elevado fuera del cuerpo hacia mí mismo, exterior a todas las demás cosas y centrado en mí; contemplando una belleza maravillosa…». Y de ahí la pregunta de cómo pudo entrar el alma en un cuerpo.2

En otro tratado, «¿Son una sola todas las almas?», Plotino se hace la pregunta que más interesa a este proyecto. Si el alma de cada uno es una unidad, ¿por qué no lo sería la del universo? Y si lo fuera, «la tuya y la mía serían también una sola». Él mismo se pone la objeción: eso significaría que mis sentimientos los sentiría otro, y que «el universo mismo sentiría todo lo que yo sentí».2 Su respuesta es que una misma cosa en receptores distintos tiene experiencias distintas, y que para que mis sentimientos fueran forzosamente los tuyos «la unidad tendría que ser corporal: sólo si los dos cuerpos fueran uno, las almas sentirían como una». Tampoco lo cierra del todo: admite que «alguna transmisión de la experiencia es de esperar, e incluso innegable», aunque no una impresión plena en todo el ser.2 Sólo leí el arranque de ese tratado, no cómo concluye.

Por el camino: estoicos, san Agustín y Chartres

Según la New Catholic Encyclopedia (que leí, no los textos originales), los estoicos hicieron del pneuma el principio físico y racional del orden del mundo, una fuerza que llamaron animum mundi y que identificaron con Dios.3 San Agustín consideró la cuestión del alma del mundo una «magna atque abdita quaestio», grande y oculta, y no la identificó nunca con una persona divina; incluso parece dudar de que se pueda hablar con propiedad de un alma del mundo y de un universo animado.3 La doctrina llegó a la Edad Media sobre todo a través del Timeo, y se la consideró a menudo profana y contraria a la teología cristiana, hasta que en el siglo XII, con el platonismo de la escuela de Chartres, volvió a ser tema de especulación: Guillermo de Conches la trata en su Philosophia mundi.3

Ficino: el alma del mundo vuelve

Cuando la física de Aristóteles sustituyó a la platónica, entre los siglos XII y XIII, la creencia en el alma del mundo se fue apagando hasta el Renacimiento.3 Con Marsilio Ficino vuelve a primer plano. Su Teología platónica, escrita entre 1469 y 1474 y publicada en 1482,4 pone un Alma del Mundo inmanente en toda la naturaleza y describe el alma como el nudo o vínculo entre lo de arriba y lo de abajo: atraída hacia las formas y lo divino, y responsable del gobierno de lo que queda debajo.5 Tras él, según la misma enciclopedia, Giordano Bruno habló de un «alma universal» como un gran espejo en el que la imagen divina se refleja y se fragmenta infinitamente.3 No leí a Ficino ni a Bruno directamente.

Schelling: una hipótesis de física (1798)

En 1798 Schelling publicó Von der Weltseele, «Del alma del mundo», con un subtítulo elocuente: Una hipótesis de la física superior para explicar el organismo universal.6 Ya no es un Creador que mezcla ingredientes: se trata de explicar la naturaleza. El índice del propio libro dice: «El dualismo en la naturaleza conduce a un principio organizador = alma del mundo».7

En el prefacio describe ese principio común como algo «que, porque está presente en todas partes, no está en ninguna, y porque es Todo, no puede ser nada determinado», y cuya idea la filosofía más antigua sólo nos transmitió, dice, «en representaciones poéticas». Se protege también de un error: «No odio nada más que ese afán sin espíritu de borrar la multiplicidad de las causas de la naturaleza con identidades inventadas». Y sostiene que la filosofía debe partir del organismo y no del mecanismo: «No donde no hay mecanismo hay organismo, sino al revés: donde no hay organismo, hay mecanismo». Añade que en la obra intenta demostrarlo «por la experiencia».7 Aquí cambia la pregunta: una hipótesis que quiere contrastarse con hechos.

Jung: de la física a la psique

Jung retoma el término con dos usos. En la alquimia que estudió, Mercurio es por fuera azogue y por dentro «un deus terrenus y un Anima Mundi; es decir, esa parte de Dios que, cuando "imaginó" el mundo, quedó por así decirlo atrás en su Creación», como la Sofía de los gnósticos «perdida en la Physis».8 Y en una carta lo usa en clave psicológica: la estructura de la psique, que se encuentra «en todas partes y en todos los tiempos», es aquello en lo que todas las psiques individuales son idénticas entre sí, y donde funcionan «como si» fueran la psique única e indivisa que los antiguos llamaron anima mundi o psyche tou kosmou.8 El «como si» es de Jung. En otro texto recuerda que «desde el Timeo se ha dicho repetidamente que el alma es una esfera».8

Qué cambió en cada paso

  • Platón: una imagen del orden, que él mismo presenta como «verosímil».
  • Plotino: un lugar entre la Inteligencia y lo sensible, y una pregunta sobre si las almas son una.
  • Schelling: una hipótesis sobre la naturaleza, que quiere contrastarse con la experiencia.
  • Jung: una afirmación sobre la psique, con un «como si».

Cada vez que la idea pasó a ser una afirmación sobre el mundo, alguien preguntó cómo se comprobaba. Un intento de comprobarla con aparatos fue el Global Consciousness Project, que contamos en otro artículo. Y este recorrido es de una sola tradición, la que va de Grecia a Europa. Otras tienen sus propias ideas de un mundo vivo o de un alma compartida, y merecen su artículo con sus fuentes, no una línea aquí.

Qué hacemos nosotros con esto

El proyecto se llama así por esta historia, y conviene decir qué no pretende. Anima Mundis no afirma que el mundo tenga un alma, ni que las nuestras sean una, ni que sintamos lo de otros. Plotino ya notó que, aunque las almas fueran una, de ahí no se sigue que cada cual sienta lo del otro. Hace falta que alguien lo diga. Eso es lo que se hace aquí: alguien dice cómo está, alguien lo recibe, y el Observatorio cuenta cuántas veces se dijo y a qué hora UTC. Si el mundo tiene alma, este sitio no lo decide. Lo que puede contar es cuántas personas quisieron decir algo a la vez.

Fuentes

  1. Platón, Timeo, trad. inglesa de B. Jowett, Internet Classics Archive (MIT). Leído el pasaje del alma del mundo (los apartados 30b y 34b–37c según la numeración habitual), no el diálogo entero. Las citas al castellano son traducción mía de esa versión inglesa. ↩
  2. Plotino, Enéadas, trad. inglesa de S. MacKenna y B. S. Page, Libro IV en el Internet Classics Archive (MIT). Leídos IV.8 (§1–2, «El descenso del alma al cuerpo»), el arranque de IV.9 (§1–2, «¿Son una sola todas las almas?») y fragmentos de IV.3 sobre el alma del universo; no las Enéadas enteras. Traducción mía al castellano. ↩
  3. T. Gregory y G. Tonelli, «World Soul (Anima Mundi)», New Catholic Encyclopedia, en Encyclopedia.com. Fuente secundaria: dice lo que sus autores dicen de textos que no leí (los estoicos, Agustín, Guillermo de Conches, Bruno). ↩
  4. «Platonic Theology (Ficino)», Wikipedia, consultada el 20 de septiembre de 2026, sólo para las fechas. ↩
  5. «Ficino, Marsilio», Internet Encyclopedia of Philosophy, consultada el 20 de septiembre de 2026. Fuente secundaria: no leí a Ficino directamente. ↩
  6. Schelling, Historisch-kritische Ausgabe, Reihe I, Band 6: Von der Weltseele – eine Hypothese der höhern Physik zur Erklärung des allgemeinen Organismus (1798), frommann-holzboog. Sólo el título de la ficha del editor. Traducción mía. ↩
  7. F. W. J. Schelling, Von der Weltseele, Projekt Gutenberg-DE. Leídos el prefacio («Vorrede zur ersten Auflage», tal como lo reproduce esa edición, que incluye textos de ediciones posteriores) y el índice; no el resto. Traducción mía del alemán. ↩
  8. C. G. Jung, citas tomadas de una antología de citas en internet que da la referencia de cada una: Mysterium Coniunctionis (Obras Completas 14, §699), Cartas, vol. II, p. 399, y Obras Completas 9/2, §212. No las comprobé contra las ediciones impresas: conviene cotejarlas antes de citarlas en un trabajo. Traducción mía. ↩

Cada luz del cielo es alguien que dijo cómo estaba.

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