Melancolía: Ficino, Saturno y el grabado de Durero
Durante siglos la tristeza de quien estudia tuvo un humor, la bilis negra, y un planeta, Saturno. Ficino la trató como un precio del pensamiento y escribió cómo pagarlo con menos daño. Durero la grabó en 1514, y en su grabado hay un cuadrado que se puede comprobar con sumas.
Una de las frecuencias que se pueden sintonizar en Anima Mundis se llama Melancolía. La palabra tiene una historia más larga y más rara de lo que parece. Durante siglos no nombró un estado de ánimo, sino un humor del cuerpo, la bilis negra, y un planeta, Saturno. Y se le atribuyó algo que hoy suena extraño: que quien piensa mucho y a fondo casi siempre la tiene.
Una nota antes de seguir. Este artículo cuenta la historia de una idea de la medicina antigua. No describe ningún diagnóstico de hoy ni sustituye a nadie que pueda ayudarte. Si lo que llevas encima pesa, Find A Helpline reúne líneas de ayuda de más de 175 países, y quien verifica cada dato son las organizaciones de cada país.
La sospecha antigua: el genio y la bilis negra
Un libro de Problemas atribuido a Aristóteles abre una de sus secciones con esta observación: todos los que han sobresalido en la filosofía, la política, la poesía o las artes son, a las claras, de temperamento melancólico.1 Una traducción de 1927 dice «atrabiliario», que viene de atra bilis, bilis negra.
Siglos después, un médico y filósofo florentino repite la frase. Marsilio Ficino escribe que Aristóteles, en su libro de los Problemas, dice que todos los hombres sobresalientes en cualquier facultad fueron melancólicos. Añade a Demócrito, para quien no hay grandes ingenios sin cierto furor, y a Platón, que en el Fedro dice que a las puertas de la poesía se llama en vano sin furor. Y remata que ese furor, entre los físicos, sólo se ve en los melancólicos.2 Para él la melancolía es la bilis negra, seca y fría, «terrestre».2
Ficino: tres causas para un mismo humor
Ficino escribió los Tres libros sobre la vida (De vita libri tres). En el prólogo cuenta que tuvo dos padres, Ficino el médico y Cosme de Médici, y que Galeno fue el médico de los cuerpos y Platón «el médico de las almas». El primer libro cuida la salud de quienes estudian; el segundo alarga la vida; el tercero enseña a conseguir vida de los cielos.2 Se publicaron el 3 de diciembre de 1489.3
En el libro I pregunta por qué los letrados son melancólicos y da tres causas.2
- La celeste. Mercurio nos invita a investigar las doctrinas y Saturno hace que perseveremos en ello y guardemos lo hallado. Los astrólogos dicen que los dos son, en cierto modo, fríos y secos, como la melancolía.
- La natural. Para alcanzar las ciencias difíciles el ánimo tiene que recogerse de lo externo a lo interno, como de una circunferencia a un centro, y quedarse ahí. Eso es propio de la tierra, y la bilis negra se le parece: por eso invita al ánimo a concentrarse. Y a su vez la contemplación asidua produce una naturaleza parecida a ella. La bilis negra, añade, se corresponde además con Saturno, el más alto de los planetas, y por eso ayuda a comprender lo más alto.
- La humana. Agitar la mente sin descanso reseca el cerebro y gasta los espíritus; y con la digestión descuidada y el cuerpo quieto, la sangre se hace densa, fría y oscura. Todo eso vuelve el ánimo triste y miedoso, y Ficino lo dice con una frase que vale la pena leer despacio: las tinieblas interiores, mucho más que las exteriores, llenan de tristeza y asustan al ánimo.
Los más afectados, dice, son quienes se dedican con ahínco a la filosofía, porque separan la mente del cuerpo. Y lo apoya en Platón. En el Timeo, el mismo diálogo del que hablamos en otro artículo, se lee que cuando en el compuesto del hombre hay un alma apasionada más poderosa que el cuerpo, esa alma lo sacude y llena de desórdenes su naturaleza interior, y cuando se aplica con ardor a algún estudio, lo consume.4
Ficino no idealiza. Distingue la bilis negra natural de la quemada: sólo la natural lleva al juicio y a la sabiduría, y aun así no siempre. Sola y en exceso, ofusca los espíritus, asusta al ánimo y embota el ingenio. Le pasa como al hierro: cuanto más se inclina al frío, más frío; cuanto más se inclina al calor, más calor. En un extremo da audacia; en el otro, miedo y cobardía. Y describe el peor estado sin adornos: no se espera nada, se teme todo y da hastío mirar la bóveda del cielo.2
Saturno no es un premio
Lo más sorprendente del libro no es la parte que se cita siempre, la que dice que Saturno da genio. Es que también avisa. En el libro II hay un pasaje en el que quien habla previene a los estudiosos contra Venus en los halagos del tacto y del gusto, y luego añade: en el deleite más recogido y demasiado asiduo de la mente contemplativa, guardaos de Saturno. Allí, dice, devora a menudo a sus propios hijos. A los que arrebata con los halagos de sus contemplaciones más altas y reconoce como suyos, si se detienen demasiado tiempo en ese escalón, los corta de la tierra con una especie de hoz, y a los descuidados les quita a menudo la vida terrena.2
Hay un matiz que Ficino añade sin dramatizar. Saturno, dice, muestra su hostilidad en la cara, daña con lentitud y no le niega a nadie tiempo para los remedios. La traicionera, en cambio, es Venus, que llega como amiga y actúa a escondidas como enemiga.2
Lo que Ficino aconsejaba
El remedio, en el libro I, no es una fórmula. Es una lista de cosas sencillas que hoy cualquiera reconocería:2
- ver a menudo agua clara y colores verdes o rojizos, y usar jardines y bosques;
- pasear junto a los ríos y por prados amenos, cabalgar o navegar con suavidad;
- música: recuerda que Mercurio, Pitágoras y Platón mandan ordenar el ánimo con la cítara y el canto, y que David, con el salterio, libraba a Saúl de la locura;
- variedad, ocupaciones fáciles y negocios variados que no molesten;
- y «la compañía asidua de gente agradable».
Junto a eso, Ficino receta preparados de botica de su época, como triaca o píldoras de áloe, que aquí no se copian: son de 1489, no de hoy. Y según el resumen de la Wikipedia de la obra, contra el influjo ambiguo de Saturno recomienda recurrir a los planetas benignos: el Sol, Júpiter, Venus y Mercurio.3
Durero, 1514
Veinticinco años después, en 1514, Albrecht Durero grabó Melencolia I: un grabado de 24 × 18,8 cm en el que una figura alada, con la cabeza apoyada en la mano, se sienta rodeada de instrumentos de medir y de trabajar: compás, balanza, martillo, clavos, sierra, una esfera y un sólido geométrico, un reloj de arena, una campana, una escalera de siete peldaños. A sus pies, un perro flaco. En el cielo, un ser parecido a un murciélago lleva el título. Y en la pared del edificio, un cuadrado mágico.5
Casi todo lo que se dice de su significado es interpretación, y conviene separarla de los hechos. La lectura tradicional, que arranca de Erwin Panofsky, ve en el grabado una mezcla de las iconografías de la melancolía y de la geometría, ambas gobernadas por Saturno, y en el cuadrado un talismán de Júpiter, el planeta favorable que aparta la melancolía. Panofsky creyó que Durero conocía a Agrippa y, antes que él, a Ficino, y propuso que el «I» del título remite al primero de los tres tipos de melancolía de Agrippa, la de la imaginación, la de los artistas. Otros ven en él el primer paso de la alquimia, la nigredo. Y una lectura habitual describe a la figura como alguien rodeado de los instrumentos del trabajo creador, pero que cavila con tristeza con la sensación de no lograr nada.5
El cuadrado, en tus manos
De todo el grabado, el cuadrado es lo único que se puede comprobar con una suma. Es de cuatro por cuatro. Cada fila, cada columna y las dos diagonales suman 34; también los cuatro cuadrantes, las cuatro esquinas y las cuatro casillas del centro; y cada casilla y su opuesta respecto al centro suman 17. Las dos casillas centrales de la fila de abajo, 15 y 14, forman el año: 1514.5
Prueba tú mismo. El bloque de abajo hace las sumas en tu navegador y te deja intercambiar dos casillas. Verás lo que significa «mágico»: no que algo sume 34, sino que todo cuadre a la vez, y que basta mover dos números para que casi nada cuadre.
Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Muestra el cuadrado de cuatro por cuatro del grabado de Durero, con los números 16, 3, 2, 13 en la primera fila y 4, 15, 14, 1 en la última, y comprueba con sumas que filas, columnas, diagonales, cuadrantes, esquinas y centro dan 34 y que cada casilla con su opuesta da 17. Al intercambiar dos casillas se ve cuántas de esas propiedades se rompen.
Hay quien lee en dos casillas un 5 y un 17: la fecha de la muerte de la madre de Durero, el 17 de mayo de 1514. Eso es interpretación, no aritmética.5
Qué era la melancolía, y qué no
Antes del Renacimiento el melancólico solía retratarse como encarnación de la acedia, la pereza del espíritu, un vicio. Lo que hicieron Ficino y Agrippa, según Philip Sohm, fue darle connotaciones positivas: una concepción neoplatónica de la melancolía como inspiración divina.5 Es una idea atractiva, pero Ficino no la ofrece sin condiciones, y las condiciones son el libro entero: el mismo humor que abre el pensamiento lo puede cerrar, y quien piensa mucho tiene que cuidar el cuerpo.
Y no es lo mismo que la depresión. La «melancolía» de estos textos es una teoría antigua sobre los humores, con astros y hierbas, no un diagnóstico de hoy. Lo que se puede leer en Ficino, sin más, es que pensaba que quien vive de la cabeza necesita también agua, aire, movimiento, música y gente.
Qué hacemos nosotros con esto
En Anima Mundis, la frecuencia Melancolía se describe así: «la búsqueda que duele, la pregunta sin respuesta». No viene de Ficino, pero está en su terreno. Lo que hace este sitio se dice pronto: alguien dice cómo está, alguien lo recibe, y el Observatorio cuenta cuántas veces se dijo y a qué hora UTC. No trata nada, no diagnostica nada y no promete nada. Lo que Ficino puso primero en su lista, el agua, el paseo, la música, la variedad y la compañía, se hace fuera de aquí.
Fuentes
- «Problemas» (libro XXX, 1), atribuido a Aristóteles, en la traducción recogida por WIST, donde se da también la de Forster (1927), «atrabiliario». Sólo leí esa cita y su traducción, no el texto completo de la sección. ↩
- Marsilio Ficino, De vita libri tres, Lyon, Guillaume Rouillé, 1560, texto latino con el OCR de Internet Archive (ruidoso). Leídos el prólogo, el libro I (capítulos IV y V sobre la melancolía de los letrados, y el régimen que sigue) y en el libro II el pasaje sobre Venus y Saturno, entre los capítulos XIII y XVI: el OCR no permite fijar el número exacto. No leí el libro III. Traducciones mías del latín. ↩
- «De vita libri tres», Wikipedia, consultada el 20 de septiembre de 2026, para la fecha de publicación (3 de diciembre de 1489) y los planetas benignos. Fuente secundaria. ↩
- Platón, Timeo, trad. inglesa de B. Jowett, Internet Classics Archive (MIT). Leído el pasaje sobre el alma apasionada más poderosa que el cuerpo (88a–b según la numeración habitual). Traducción mía de esa versión inglesa. ↩
- «Melencolia I», Wikipedia, consultada el 20 de septiembre de 2026, para los datos del grabado, el cuadrado y las interpretaciones de Panofsky, Klibansky, Saxl y Sohm. Fuente secundaria: no leí Saturn and Melancholy (Klibansky, Panofsky y Saxl, 1964), que ella cita, ni a Agrippa sobre los tres tipos de melancolía. Traducción mía. ↩