Hermes Trismegisto: quién fue y si existió de verdad

Hermes Trismegisto, «el tres veces grandísimo», nació de mezclar al dios griego Hermes con el egipcio Thot. No hay prueba de que existiera como persona. Aquí va lo que dijeron de él Cicerón, Lactancio y Agustín, lo que dice el Poimandres, cómo lo desmontó Casaubon en 1614 y lo que se sabe hoy.

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Hermes Trismegisto, «Hermes el tres veces grandísimo», es el nombre que los griegos de Egipto dieron a una mezcla de su dios Hermes con el dios egipcio Thot, el de la escritura y la sabiduría, y el autor al que se atribuyen los escritos llamados «herméticos». Como persona, no hay ninguna prueba de que existiera: los textos que llevan su nombre están escritos en griego, la mayoría en los siglos II y III de nuestra era, según la Wikipedia.1 El artículo anterior contaba que Ficino interrumpió su traducción de Platón para traducir estos textos, porque los creía mucho más antiguos. Aquí va lo que dijeron de Hermes los autores antiguos, que leí en latín, lo que dice el primero de sus libros, que leí en griego, y cómo se desmontó la leyenda en 1614.

¿Quién fue Hermes Trismegisto?

Según la Wikipedia, los griegos del Egipto ptolemaico identificaron a su dios Hermes, mensajero e intérprete, con Thot, y los veneraron como uno solo en el templo de Thot de la ciudad que llamaron Hermópolis. El epíteto vendría de un título del propio Thot que se lee en el templo de Esna, «Thot el grande, el grande, el grande», y aparece por escrito ya en el año 172 antes de nuestra era, en las actas de un culto del ibis cerca de Menfis.1 Es decir: antes de ser un autor, Hermes Trismegisto fue un dios con un título.

Cinco Mercurios: lo que dice Cicerón

La primera explicación que leí es de Cicerón, en Sobre la naturaleza de los dioses, del año 45 antes de nuestra era. Hablando de lo mucho que se contradicen los relatos sobre los dioses, cuenta que hubo cinco Mercurios (Mercurio es el nombre latino de Hermes), y del quinto dice que lo veneran en Feneo, en Arcadia, «que se dice que mató a Argos, y que por eso huyó a Egipto y dio a los egipcios las leyes y las letras: a este los egipcios lo llaman Theyt», y con su nombre llaman al primer mes del año.2 Cicerón no lo cree: lo cuenta como ejemplo de lo poco que se sabe.

Un hombre muy antiguo: Lactancio

Unos 350 años después, Lactancio, un autor cristiano, toma ese pasaje de Cicerón y lo convierte en otra cosa. Del quinto Mercurio dice: «Aunque fue un hombre, fue sin embargo antiquísimo e instruidísimo en toda clase de saber, hasta el punto de que el conocimiento de muchas cosas y artes le dio el sobrenombre de Trismegisto». Y añade que escribió muchos libros sobre las cosas divinas, en los que afirma la majestad de un Dios único, al que llama «Dios y padre», y que no tiene nombre porque es uno.3 Para Lactancio, Hermes es un sabio pagano muy antiguo que ya había entrevisto la verdad cristiana.

Después de Moisés: Agustín

Agustín, a principios del siglo V, lo fecha con la Biblia en la mano. En La ciudad de Dios escribe que la filosofía floreció en Egipto «en tiempos de Mercurio, al que llamaron Trismegisto, mucho antes que los sabios o filósofos de Grecia, pero después de Abraham, Isaac, Jacob y José, y aun después del propio Moisés»: en tiempos de Moisés vivió Atlas, el gran astrólogo, abuelo materno de un Mercurio mayor, «del que este Mercurio Trismegisto fue nieto».4 Agustín, además, lo leía, y no le gustaba: cita el Asclepio, un diálogo hermético que se conserva en latín, en el que Hermes explica que los hombres saben «hacer dioses» metiendo espíritus en las estatuas: «así el hombre es hacedor de los dioses que están en los templos». Agustín lo condena como idolatría.4

¿Aparece Hermes Trismegisto en la Biblia?

No. Agustín lo coloca en la cronología bíblica, pero la Biblia no lo nombra. Según la Wikipedia, en la tradición islámica se le identificó con el profeta Idris, que los musulmanes identificaban a su vez con el Enoc del Génesis, aunque el Corán no nombra a Hermes; y el astrólogo persa Abu Maʿshar, en el siglo IX, explicaba lo de «tres veces» con tres Hermes distintos: uno en Egipto, otro en Babilonia y un tercero, maestro de la alquimia.1 No leí a Abu Maʿshar.

Lo que dice el propio Poimandres

El primer tratado del Corpus Hermeticum se llama Poimandres, y lo leí en el griego de la edición de Gustav Parthey (Berlín, 1854). Empieza así: «Una vez que me puse a pensar en los seres y mi pensamiento se elevó mucho, mientras mis sentidos corporales quedaban sujetos como los de quien duerme pesado tras comer demasiado o tras cansarse, me pareció que alguien enorme, sin medida, me llamaba por mi nombre». El narrador le pregunta quién es, y la figura responde: «Yo soy Poimandres, el intelecto de la soberanía» (Ἐγὼ μέν, φησίν, εἰμὶ ὁ Ποιμάνδρης, ὁ τῆς αὐθεντίας νοῦς).5

Lo curioso es lo que no está. En el texto del tratado, el nombre de Hermes no aparece ni una vez: el narrador habla en primera persona y nunca se presenta. «Hermes» está en el título, «de Hermes el tres veces grandísimo», y en las notas que un lector escribió en los márgenes de uno de los manuscritos, que Parthey recoge. Una de ellas explica así el sobrenombre: «este Hermes fue llamado Trismegisto porque dijo que Dios tiene tres potencias pero una sola sustancia; estas potencias son intelecto, palabra, espíritu: tres sin principio, una sola divinidad».5 Es una explicación trinitaria, cristiana.

Casaubon, 1614: «el puro invento de un semicristiano»

En 1614, el erudito Isaac Casaubon publicó en Londres un libro contra los Anales del cardenal Baronio, y en él, de paso, desmontó a Hermes. Lo leí en latín, en las imágenes de las páginas. Casaubon escribe que «el libro entero que desde hace algunos siglos circula con el nombre de Mercurio Trismegisto» es un pseudepígrafo, una obra falsamente atribuida, «puesto que es el puro invento de algún cristiano, o, por decirlo mejor, de un semicristiano» (Christiani alicuius, vel vt dicam melius, semichristiani merum figmentum).6

Sus argumentos son de lector atento. Que el libro no contiene doctrina egipcia, sino «en parte griega, sacada de los libros de Platón y de los platónicos, y muchas veces con sus mismas palabras, y en parte cristiana, sacada de los libros sagrados». Que Poimandres, el «Pastor», es Cristo, que en el Evangelio de Juan dice «yo soy el buen pastor», y que cuando Poimandres dice «esa luz soy yo, intelecto, tu dios» y llama al Verbo «hijo de Dios», ningún cristiano necesita que le digan de dónde viene eso. Y una prueba de estilo: «el propio primer periodo tiene una clara imitación de Jenofonte».6 Lo comprobé: la Ciropedia de Jenofonte empieza «se nos ocurrió una vez…» (Ἔννοιά ποθ’ ἡμῖν ἐγένετο), y el Poimandres, «habiéndoseme ocurrido una vez…» (Ἐννοίας μοί ποτε γενομένης).57

Y una frase que dice mucho del método: «quién fue este Mercurio, o cuándo vivió, omito aquí preguntarlo».6 Casaubon no necesitaba saber si Hermes existió para saber que esos libros no eran suyos.

Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Recorre en diez pasos, por orden de fecha, lo que dijo cada fuente sobre quién fue Hermes, con la cita en su lengua y su traducción: Cicerón (el quinto Mercurio, que dio a los egipcios las leyes y las letras); Lactancio (un hombre, pero antiquísimo); Agustín (el que enseña a «hacer dioses», y que vivió después de Moisés); el Poimandres (un narrador sin nombre y un intelecto que habla); la nota trinitaria de un manuscrito; y Casaubon (un semicristiano, una imitación de Jenofonte y la pregunta que no se hace).

¿Tenía razón Casaubon?

En la fecha, sí; en el resto, solo en parte. Según la Wikipedia, que resume a los estudiosos actuales, los tratados del Corpus son de los siglos II y III de nuestra era, escritos por autores desconocidos, probablemente griegos, con una mezcla de platonismo y estoicismo e influencias judías y quizá persas; no son un invento cristiano. Y en 1945 aparecieron en Nag Hammadi, en Egipto, tres textos herméticos traducidos al copto, entre ellos uno desconocido hasta entonces; a partir de ellos, estudiosos como Jean-Pierre Mahé han mostrado más continuidad con la cultura egipcia de la que se creía.1 Nada indica que hubiera un sabio Hermes en la época de Moisés, pero los libros herméticos tampoco son una simple falsificación: son textos griegos escritos en Egipto. No leí esos estudios.

¿Y las siete leyes de Hermes?

No están en el Corpus Hermeticum. Los «siete principios» («todo es mente», «como es arriba es abajo», «todo vibra»…) vienen de El Kybalión, un libro publicado en 1908, y es lo que cuenta el siguiente artículo de la ruta.

Lo que no pude leer

Leí en latín los pasajes de Cicerón (Sobre la naturaleza de los dioses III.56), Lactancio (Instituciones divinas I.6) y Agustín (La ciudad de Dios VIII.23-24 y XVIII.39), y en griego el Poimandres con las notas de Parthey; de Casaubon, las páginas 74-77 y 87 de la edición de 1614. No leí los demás tratados del Corpus, ni el Asclepio entero, ni los textos de Nag Hammadi, ni a Abu Maʿshar, ni la traducción de Ficino. Lo del templo de Esna, el culto del ibis, Idris, Nag Hammadi, las fechas del Corpus y la opinión de los estudiosos de hoy viene de la Wikipedia.

Qué hacemos nosotros con esto

El nombre de este proyecto, Anima Mundis, viene de la misma tradición que leyó a Hermes como un sabio antiquísimo. Casaubon enseña algo que nos sirve: un texto se juzga por lo que dice y por cómo lo dice, no por el nombre que lleva en el título. El Observatorio intenta lo mismo: mostrar solo lo que se puede contar.

Fuentes

  1. «Hermes Trismegistus» y «Hermetica», Wikipedia, consultadas el 7 de octubre de 2026. Fuente secundaria: Thot y Hermópolis, el epíteto (Esna, 172 a. C.), Ficino, Idris y Abu Maʿshar, las fechas y autores del Corpus, Nag Hammadi y Mahé. Traducciones mías. ↩
  2. Cicerón, De natura deorum III.56, texto latino en The Latin Library. Traducción mía. ↩
  3. Lactancio, Divinae institutiones I.6, texto latino en The Latin Library. Traducción mía. ↩
  4. Agustín, De civitate Dei VIII.23-24, texto latino en The Latin Library, y XVIII.39, texto latino de la edición de Migne en Wikisource/18), cotejado con la traducción inglesa de Marcus Dods, Project Gutenberg. Traducciones mías. ↩
  5. Hermetis Trismegisti Poemander, ed. Gustav Parthey (Berlín, 1854), tratado I, §§ 1-6 y las notas de la edición (la nota marginal del manuscrito B), en Wikisource (dominio público). Busqué el nombre «Ἑρμ-» en todo el texto. Traducciones mías. ↩
  6. Isaac Casaubon, De rebus sacris et ecclesiasticis exercitationes XVI (Londres, 1614), Exercitatio I, pp. 74-77 y 87, archive.org (dominio público). Latín leído en las imágenes de las páginas. Traducciones mías. ↩
  7. Jenofonte, Ciropedia I.1.1, texto griego en el repositorio de Perseus Digital Library (dominio público). ↩

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