Sincronicidad: significado según Jung y qué dicen los datos

La sincronicidad es el nombre que Jung dio a la coincidencia con sentido entre hechos que no se causan. Aquí va su definición, sus casos (el escarabajo, el pez), las series de números de Kammerer, el experimento de los horóscopos que Jung mismo dio por «casual» y lo que dice la estadística.

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Sincronicidad es el nombre que Carl Jung dio a la coincidencia en el tiempo de dos o más hechos que no se causan entre sí y que tienen, para quien los vive, el mismo sentido o uno parecido. Cuentan las dos condiciones: que no haya una causa que los una y que haya significado. Esto es lo que dice el ensayo de Jung de 1952, que leí en su edición inglesa de 1955, y el libro de 1919 de Paul Kammerer sobre las «series» de coincidencias, que Jung discute.12 El artículo anterior trató de lo que pasa cuando mucha gente coincide a la vez; este trata de la coincidencia más pequeña, la que le pasa a una sola persona, y de lo que se pudo comprobar de ella. Lo que no leí, lo digo al final.

¿Qué significa sincronicidad según Jung?

Jung la define con una frase que conviene leer despacio: es «la ocurrencia simultánea de un cierto estado psíquico con uno o más hechos externos que aparecen como paralelos significativos del estado subjetivo del momento».1 No es lo mismo que el sincronismo, que solo dice que dos hechos ocurren a la vez: la sincronicidad pide además que sean hechos «sin relación causal» y con «el mismo o parecido significado».1 Y «acausal» no quiere decir que cada hecho no tenga causa: Jung escribe que «es obvio que cada hecho tiene su propia causalidad». Lo que no hay es una causa común.1

Según la Wikipedia, la palabra nació de su trato con el I Ching y de un discurso de 1930 en memoria de Richard Wilhelm, traductor del chino; en el prólogo de 1952, Jung dice que llevaba veinte años aludiendo al fenómeno sin tratarlo a fondo.13 Y lo presenta como una hipótesis: «un factor hipotético de igual rango que la causalidad como principio de explicación».1 Es un principio que Jung propone, no un hallazgo.

El escarabajo de Jung y su pez

El caso más citado es este. Una paciente, en un momento crítico del tratamiento, le cuenta un sueño en el que le regalaban un escarabajo dorado. Mientras lo cuenta, Jung oye un golpeteo en la ventana, abre y atrapa un insecto: un escarabeido, la cetonia común, el más parecido al escarabajo dorado que se encuentra en esas latitudes. Según Jung, el sueño había bastado para aflojar un poco la actitud racionalista de la paciente, y la llegada del insecto la rompió del todo; el escarabajo es, además, un símbolo de renacimiento en el Egipto antiguo.1

Dos cosas que conviene tener a la vista. La primera: es un caso que cuenta Jung, sin nombre ni fecha, y no hay nada más que su palabra para comprobarlo. La segunda: Jung mismo advierte de que, con personas cultas, «la criptomnesia a menudo no se puede descartar con certeza» (en este caso dice que la paciente no conocía el símbolo).1

Otro caso lo apuntó con fecha. El 1 de abril de 1949 hubo pescado en el almuerzo y alguien mencionó la costumbre del «pez de abril»; esa mañana Jung había anotado una inscripción sobre un pez (piscis); por la tarde una antigua paciente le enseñó cuadros de peces y por la noche le mostraron un bordado con monstruos marinos; el 2 por la mañana otra paciente le contó el sueño de un pez grande que nadaba hacia ella. Jung estaba entonces estudiando el símbolo del pez en la historia; escribe que «solo una de las personas mencionadas sabía algo de ello». Reconoce que la serie le causó una impresión considerable y que tenía, a su juicio, «una cierta cualidad numinosa».1

¿Los números repetidos (111, 333, 1212) son sincronicidad?

Es lo que más se busca, y la respuesta del texto es corta. En el ensayo de Jung, el único caso de números es este: el billete del tranvía lleva el mismo número que el billete de teatro que se compra a continuación, y esa noche una llamada de teléfono menciona otra vez ese número. Jung escribe que entre ellos «una conexión causal me parece extremadamente improbable».1 Eso es todo: no le atribuye un mensaje ni un significado a las cifras. En la copia que leí no encuentro nada sobre «números ángel», ni sobre ver la hora 11:11; la palabra «ángel» solo aparece en citas históricas.

Las series de números las había estudiado antes Kammerer. Desde hacía unos quince años, cuenta, tomaba en sus cuadernos notas sobre «series», que define como una sucesión o simultaneidad de hechos iguales o parecidos «al parecer sin una causa común que siga actuando».2 Algunas de sus notas: el 25 de junio de 1912 se sentó en la fila 18 de un concierto en Viena y al día siguiente, en otra sala, otra vez en la fila 18; un cuñado suyo tuvo en un concierto el asiento 9 y el número de guardarropa 9, y al día siguiente el asiento 21 y el guardarropa 21; y el 2 de septiembre de 1906 sus dos cuentas de restaurante, con platos distintos, sumaron las dos 1 corona y 69 Heller, y guardó los dos recibos como prueba.2

Jung, que cita a Kammerer, no aceptó su explicación. Dice que su material «no contiene más que rachas de azar cuya única “ley” es la probabilidad», y que «por desgracia no intentó una evaluación cuantitativa de la serialidad».1 El libro de Kammerer sí tiene un capítulo de «fundamentos matemáticos», que solo leí en parte: en lo que leí, sostiene que las rachas de lo igual deberían ser más frecuentes de lo que da la probabilidad matemática, y no vi una cuenta sobre sus propios casos.2

¿Es una ley?

No. Quien habló de una ley fue Kammerer: Das Gesetz der Serie, «la ley de la serie», que explicaba con la inercia, la imitación y la atracción.2 Jung propone un principio, y en su ensayo no aparece «ley de la sincronicidad».1 Y no es la «ley de la atracción», que supone una causa (lo que pienses atrae lo que te pasa); la sincronicidad, tal como la define Jung, no tiene causa común, y en lo que leí no dice que se pueda provocar ni que alguien la envíe.

¿Se puede comprobar? El experimento de los horóscopos

Jung lo intentó, y su relato es lo más honesto que hay en el libro. Con la colaboración de Liliane Frey-Rohn reunió datos de nacimiento de parejas casadas, calculó sus horóscopos y contó, entre unas cincuenta características, cuántas parejas tenían cada una. La tradición astrológica señala tres constelaciones para el matrimonio: la conjunción de Luna y Sol, la de Luna con Luna y la de Luna con el ascendente, y Jung anuncia que investigará esas tres.1

El primer lote, de 180 parejas, dio el máximo en Luna con Sol: 18 parejas, el 10,0 %. Un segundo lote, de 220, lo movió a Luna con Luna (24 parejas, el 10,9 %) y dejó a la primera en el 4,5 %. En un tercero, de 83, los máximos eran de otros aspectos. Jung escribe: «lo cual solo prueba lo fortuitos que fueron nuestros resultados iniciales “favorables”».1 Y entre parejas que no estaban casadas, el máximo bajaba de 7,3 % con 300 parejas a 5,3 % con 32.220: cuanto más grande la muestra, menos sobresale «el mejor» entre cincuenta.1 Aquí están sus números:

Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Tiene tres pestañas. La primera muestra, lote a lote, los porcentajes de las tablas IV y V del libro de Jung: en el lote de 180 parejas, Luna con Sol llega al 10,0 %; en el de 220 baja al 4,5 %, y en el de 83 los tres valores son 7,2, 4,8 y 4,8 %. La segunda calcula cuántas coincidencias cabe esperar en un año según cuántas oportunidades tengas al día y lo raras que sean, con la fórmula 1 − (1 − 1/X)^(n·D). La tercera es el problema de los cumpleaños: con 23 personas, la probabilidad de que dos cumplan años el mismo día es del 50,7 %.

Jung lo cuenta sin adornos. Un cálculo del profesor Markus Fierz dio al principio una probabilidad de 1 entre 10.000 para sus resultados, y al revisarlo salió 1 entre 1.500; Jung concluye que hay «poca justificación para considerar los resultados inmediatos de nuestra estadística como algo más que azar». Admite que con muestras grandes «las diferencias entre los valores de frecuencia de los aspectos de matrimonio de casados y no casados desaparecen por completo», que «el resultado se difumina con cifras mayores» y que los errores de cálculo que descubrió «tienden todos a exagerar los resultados en un sentido favorable a la astrología».1 Y entonces escribe la frase que importa: «no es más que un resultado casual desde el punto de vista estadístico», y a la vez «es justo lo que llamo un fenómeno sincronístico»,1 porque tiene sentido: parecía confirmar la expectativa astrológica.

Esa es la clave de su idea, y la razón de que sea difícil de someter a prueba (mi lectura; la Wikipedia recoge que desde la ciencia se objeta que no es comprobable ni refutable).3 Si lo que hace sincronístico a un hecho es el sentido que le encuentra quien lo vive, ningún cálculo de probabilidades puede decir que no lo es, porque Jung ya concede que, estadísticamente, es azar. No pude comprobar el cálculo de Fierz ni los datos originales.

¿Y la estadística?

Persi Diaconis y Frederick Mosteller, estadísticos, estudiaron las coincidencias en un artículo de 1989. Según su resumen, una vez descartadas las coincidencias con una causa aparente, cuatro principios explican una gran cantidad de las que quedan: la causa oculta; la psicología (memoria y percepción); la multiplicidad de desenlaces (contar como idénticos hechos «cercanos» o parecidos); y la ley de los números verdaderamente grandes, que dice que cuando se acumulan cantidades enormes de hechos y personas con el tiempo, «casi cualquier suceso escandaloso tiene que ocurrir». Y concluyen: «estas fuentes explican buena parte de la fuerza de la sincronicidad».4 Solo leí el resumen.

La pestaña «Tu año de coincidencias» hace esa cuenta. Si cada día tienes 100 ocasiones de notar dos cosas iguales (dos números, dos nombres, dos horas) y cada una tiene 1 probabilidad entre 10.000, esperas unas 3,65 coincidencias al año y la probabilidad de que no te toque ninguna es de menos del 3 %. Lo que no sale de la cuenta es cuántas ocasiones tienes y qué te parece lo bastante igual: lo decide quien mira. Jung lo dice a su manera, en una nota: «la numinosidad de una serie de sucesos casuales crece en proporción al número de sus términos».1 La sensación crece con la cuenta.

¿Y la física cuántica?

En el texto que leí, la física entra por Wolfgang Pauli: Jung cuenta que Pauli propuso sustituir en su esquema la oposición de espacio y tiempo por «energía (conservada)» y «continuo espacio-tiempo», y que «finalmente acordamos» un cuaternio con dos pares: energía indestructible frente a continuo espacio-tiempo, y conexión constante por efecto (causalidad) frente a conexión inconstante por contingencia, equivalencia o «sentido» (sincronicidad).1 El ensayo de Pauli que acompaña al de Jung en el mismo volumen trata de las ideas arquetípicas en la obra de Kepler, no de la mecánica cuántica. No encuentro en el texto el entrelazamiento cuántico; según la Wikipedia, un físico, T. Filk, lo considera un modelo plausible de lo que Pauli tenía en mente, y eso no lo leí.3

Cuando las coincidencias pesan

Una nota, porque es un tema que a veces duele. Ver coincidencias con significado es una experiencia común y casi siempre inofensiva. Pero si alguien siente que las coincidencias son mensajes dirigidos a esa persona que los demás no ven, que se multiplican hasta no dejarla dormir o que le dicen qué debe hacer, conviene hablarlo con un profesional de salud mental. La Wikipedia recoge que una abundancia excesiva de coincidencias con significado puede darse en un delirio psicótico.3 Este artículo no sustituye a nadie que pueda ayudar; findahelpline.com lleva a una línea de ayuda en cada país.

Lo que no pude leer

Leí la edición inglesa de 1955 del ensayo de Jung (The Interpretation of Nature and the Psyche, Pantheon/Bollingen), «revisada por el autor» según su nota editorial: el prólogo, la exposición (la definición, Kammerer, el escarabajo, el pez), el experimento de los horóscopos desde su arranque hasta el final de sus tablas y el esquema con Pauli. No leí el original alemán de 1952, la correspondencia entre Pauli y Jung, ni los «precursores» (Leibniz, Schopenhauer) ni la conclusión. De Kammerer leí la introducción, las primeras notas de su colección y parte del capítulo de probabilidades; el libro tiene unas 450 páginas. De Diaconis y Mosteller, solo el resumen. El origen en el I Ching, el discurso de 1930, Pauli y la física cuántica los tomo de la Wikipedia. No comprobé el cálculo de Fierz ni puedo verificar el caso del escarabajo.

Qué hacemos nosotros con esto

Anima Mundis junta a 3, 5 o 7 desconocidos que eligieron la misma frecuencia a la misma hora. Que dos personas coincidan allí no es sincronicidad: tiene una causa, el emparejamiento, y está en el código. Es la «causa oculta» de Diaconis y Mosteller, pero a la vista. Lo que el Observatorio cuenta son las voces que llegaron y a qué hora UTC, y nada más. Las coincidencias de verdad se pueden medir. Con las otras conviene recordar a Kammerer y a Jung: antes de preguntarse qué significan, contar cuántas ocasiones había.

Fuentes

  1. C. G. Jung, «Synchronicity: An Acausal Connecting Principle», en The Interpretation of Nature and the Psyche (Pantheon Books, Bollingen Series LI, 1955; trad. R. F. C. Hull), pp. 5-85 y 136-137. Fuente primaria en la edición inglesa «revisada por el autor». Libro con derechos: leí una copia digitalizada y no la enlazo; cito fragmentos breves y las traducciones al castellano son mías. Las citas inglesas de la pieza y las cifras de las tablas IV y V (pp. 76-77) se cotejaron con el texto y con el escaneo de esas páginas. ↩
  2. Paul Kammerer, Das Gesetz der Serie: Eine Lehre von den Wiederholungen im Lebens- und im Weltgeschehen (Deutsche Verlags-Anstalt, Stuttgart y Berlín, 1919), archive.org (dominio público). Fuente primaria en alemán. Leídos: la introducción, las primeras notas de la colección de ejemplos y parte del capítulo VIII sobre probabilidades. Traducciones mías. ↩
  3. «Synchronicity», Wikipedia, consultada el 5 de octubre de 2026. Fuente secundaria: el origen en el I Ching y el discurso de 1930, la conjetura de Pauli y Jung (T. Filk), la crítica de que no es comprobable ni refutable y la nota clínica. Traducciones mías. ↩
  4. Persi Diaconis y Frederick Mosteller, «Methods for Studying Coincidences», Journal of the American Statistical Association 84 (408), 1989, pp. 853-861, doi:10.1080/01621459.1989.10478847. Solo leí el resumen (vía OpenAlex). Traducciones mías. ↩

Cada luz del cielo es alguien que dijo cómo estaba.

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