Newton y la alquimia: sus papeles y su laboratorio

Isaac Newton dedicó décadas a la alquimia, y más de un tercio de los papeles subastados en 1936 eran alquímicos. Aquí va lo que contó su ayudante sobre el laboratorio, lo que leía y copiaba, sus símbolos, lo que escribió en la Óptica y cómo lo juzgaron después.

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Sí: Isaac Newton fue alquimista. Durante décadas leyó, copió, anotó y practicó la alquimia, y de los 329 lotes de manuscritos suyos que la casa Sotheby's subastó en 1936, más de un tercio tenían contenido «indudablemente alquímico», según el proyecto de la Universidad de Indiana que los edita.1 Lo que no se sabe con certeza es para qué. El artículo anterior contaba cómo Paracelso hizo de la alquimia una química de medicinas; un siglo después, el hombre de la gravitación seguía con un pie en ella. Aquí va lo que contó su ayudante, lo que copiaba, lo que publicó en la Óptica y cómo lo juzgaron después.

¿Newton fue alquimista?

Cuando Newton murió, en 1727, esos papeles se rotularon como «no aptos para imprimirse», y quedaron en la familia hasta la subasta de 1936, que fue, escriben los editores de Indiana, «un duro golpe» para los estudiosos de Newton.1 Según la Wikipedia, muchos los compró el economista John Maynard Keynes, que a partir de ellos describió a Newton como «el último de los magos».2 Y no eran papeles sueltos: los editores insisten en que los cuadernos de laboratorio de Newton, incluido el que contiene la primera descripción completa de su descubrimiento de que la luz blanca es una mezcla de colores, «están llenos de recetas elaboradas a partir de fuentes alquímicas», junto al «Tridente de Neptuno», la «Vara caducea de Mercurio» o el «León Verde». Su conclusión: no se puede levantar «un dique estanco» entre la alquimia de Newton y el resto de su ciencia.1

Lo que vio su ayudante

El testimonio más directo es el de Humphrey Newton, que fue su secretario en Cambridge entre 1684 y 1689. En dos cartas de principios de 1728, que David Brewster publicó en 1855, contó lo que veía: en primavera y en otoño, Newton pasaba unas seis semanas en su laboratorio, «con el fuego que apenas se apagaba de noche ni de día», y los dos se turnaban para velarlo. «Cuál pudiera ser su propósito no fui capaz de penetrarlo, pero sus esfuerzos, su diligencia en esas temporadas, me hicieron pensar que apuntaba a algo más allá del alcance del arte y la industria humanos.»3

En la segunda carta es más concreto. El laboratorio estaba bien provisto de matraces, recipientes y crisoles, aunque se usaban poco salvo los crisoles, «en los que fundía sus metales»; a veces Newton consultaba un viejo libro enmohecido que había allí, «creo que se titulaba Agricola de Metallis», y escribe: «la transmutación de los metales era su principal designio, para lo cual el antimonio era un gran ingrediente».3 Es lo que un ayudante creyó entender, no lo que Newton dijo; pero es lo más cerca que se puede estar de aquel laboratorio.

Qué leía y qué copiaba

Brewster vio los papeles alquímicos antes de la subasta y dejó una lista: de puño y letra de Newton, Las metamorfosis de los planetas de Johann de Monte Snyders, en 62 páginas, con una clave; muchas páginas de poesía alquímica del Ordinal de Norton y de Basilio Valentín; un ejemplar de Secrets Revealed (1669), del autor que firmaba Eireneo Filaleteo, «cubierto de notas» de Newton; y un enorme Index Chemicus, un índice de temas alquímicos con referencias minuciosas.3 Ese índice está hoy transcrito, ordenado alfabéticamente y en latín, y se lee como un diccionario de la alquimia: Aquila, el águila; Avis Hermetis, el pájaro de Hermes; Caduceus; Aurum potabile, el oro bebible; Bufo, el sapo.1

Los símbolos de Newton

Newton escribía la alquimia con símbolos, y no siempre los de todos. Según la guía de Indiana, su uso de los símbolos alquímicos fue «creativo y poco ortodoxo»: usaba los planetarios para los metales, como todos, pero inventó además «una multitud de pictogramas más personales». Los más fáciles de descifrar son los de las menas: el símbolo del metal con una «o» añadida, de ore, «mena». En otros casos, una raya horizontal dentro de un círculo puede indicar una sal; una cruz encima de un círculo, un compuesto de antimonio; y la estrella de la sal amoníaco pegada a un símbolo, que la sustancia es volátil. Y los editores lo reconocen: «por ahora no pretenden saber con exactitud» a qué sustancias corresponden la mayoría de esos símbolos compuestos.4

Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Es una tabla de trece símbolos que Newton usaba, con lo que significaba cada uno: el Sol para el oro, la Luna para la plata, Mercurio para el mercurio, Venus para el cobre, Marte para el hierro, Júpiter para el estaño y Saturno para el plomo; el signo de la Tierra, que Newton usaba para el antimonio; el tridente de Neptuno para el bismuto; y los signos de receta, onza, dracma y escrúpulo de las boticas.

La alquimia dentro de su ciencia

En lo que Newton publicó hay poca alquimia a la vista, pero no ninguna. En la cuestión 30 de la Óptica, en la edición de 1730, escribe: «El cambio de los cuerpos en luz, y de la luz en cuerpos, es muy conforme al curso de la Naturaleza, que parece deleitarse con las transmutaciones». Y pone como ejemplo el mercurio, que aparece unas veces como metal fluido, otras como sal corrosiva llamada sublimado, otras como una tierra roja «llamada cinabrio», «y después de todos estos cambios vuelve otra vez a su primera forma de mercurio».5 Es química de su tiempo, pero el vocabulario, las transmutaciones de la Naturaleza, es el de la alquimia. Los editores de Indiana usan la palabra del siglo XVII, chymistry, para no separar lo que entonces iba junto: la técnica, las medicinas y la búsqueda del oro.1

Cómo lo juzgaron

En 1855, Brewster, que admiraba a Newton, no podía con esto. Defendió que la alquimia de Boyle, Newton y Locke no la movían «ni la ambición de riqueza ni la de alabanza», sino «el amor a la verdad», y aun así escribió: «no podemos entender cómo una mente de tal poder, y tan noblemente ocupada en las abstracciones de la geometría y en el estudio del mundo material, pudo rebajarse a ser siquiera el copista de la más despreciable poesía alquímica, y el anotador de una obra que es la evidente producción de un necio y un bribón».3 Por lo que cuenta unas páginas antes, la obra anotada era la de Filaleteo.

Casi un siglo después, con los papeles ya subastados, Keynes le dio la vuelta al juicio y llamó a Newton «el último de los magos».2 Las dos frases dicen más de cada época que de Newton. Los editores de hoy prefieren no elegir: estudiar qué hacía, con qué textos y con qué resultados.

¿Lo envenenó el mercurio?

En 1693 Newton sufrió una crisis nerviosa y escribió cartas acusatorias a amigos como Samuel Pepys y John Locke. Según la Wikipedia, en su pelo se encontró después mercurio, probablemente de sus experimentos, y el envenenamiento podría explicar algunas de sus rarezas.2 No está resuelto: en 1983, The Lancet publicó un artículo titulado «Isaac Newton: ¿envenenamiento por mercurio o depresión maníaca?».6 No leí esos estudios, y no tengo forma de decidir entre ellos. Sí se puede decir lo que contó su ayudante: que Newton fundía metales en crisoles durante semanas, con el fuego encendido día y noche.

Lo que no pude leer

No leí los manuscritos alquímicos de Newton, que el proyecto de Indiana edita y transcribe; de su web leí la presentación, la guía de símbolos y la lista del Index Chemicus. De Brewster, el capítulo XXV y las cartas de Humphrey Newton del tomo segundo; de la Óptica, la cuestión 30. Lo de Keynes, el pelo de Newton y la crisis de 1693 viene de la Wikipedia; del artículo de The Lancet solo conozco el título. Tampoco leí a Filaleteo, ni a Snyders.

Qué hacemos nosotros con esto

Lo que más nos enseña Newton aquí es su ayudante: alguien que miró de cerca durante cinco años, contó lo que vio y dijo con claridad lo que no entendía. En el Observatorio intentamos eso mismo: enseñar lo que se ve y no fingir que sabemos lo que no sabemos.

Fuentes

  1. The Chymistry of Isaac Newton, ed. William R. Newman, Indiana University, «About Isaac Newton and Alchemy» e Index Chemicus Ordinatus, consultados el 7 de octubre de 2026. Traducciones mías. ↩
  2. «Isaac Newton's occult studies» e «Isaac Newton», Wikipedia, consultadas el 7 de octubre de 2026. Fuente secundaria: Keynes y «el último de los magos», la crisis de 1693 y el mercurio en el pelo. Traducciones mías. ↩
  3. David Brewster, Memoirs of the Life, Writings, and Discoveries of Sir Isaac Newton, vol. 2 (Edimburgo, 1855): las cartas de Humphrey Newton a John Conduitt, pp. 93-96, y el capítulo XXV, pp. 371-375, archive.org (dominio público). Traducciones mías. ↩
  4. The Chymistry of Isaac Newton, «Symbol Guide», consultada el 7 de octubre de 2026; los nombres provisionales de los símbolos vienen, según la guía, de Marie Boas y A. Rupert Hall (1958). Traducción mía. ↩
  5. Isaac Newton, Opticks, 4.ª ed. (Londres, 1730), cuestión 30, Project Gutenberg (dominio público). Traducción mía. ↩
  6. Julian Lieb y D. Jablow Hershman, «Isaac Newton: mercury poisoning or manic depression?», The Lancet 322 (1983), pp. 1479-1480, doi:10.1016/S0140-6736(83)90818-890818-8). Solo conozco el título. ↩

Cada luz del cielo es alguien que dijo cómo estaba.

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