Carta de Newton a Oldenburg de 1676: texto y traducción

El 26 de abril de 1676, Isaac Newton escribió a Henry Oldenburg sobre un mercurio de Robert Boyle que se calentaba con el oro, y le pidió que guardara la carta en privado. Aquí va el texto entero, una traducción y un resumen, libres para copiar citando la fuente.

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El 26 de abril de 1676, Isaac Newton escribió desde Cambridge a Henry Oldenburg, el secretario de la Royal Society, sobre un experimento de Robert Boyle: un mercurio que, mezclado con oro, se calentaba solo. En la carta, Newton duda de que ese mercurio sirva para mucho, pero pide que Boyle guarde «alto silencio» sobre cómo se prepara, porque, si los escritores herméticos dicen alguna verdad, podría ser la entrada a algo que no se debe comunicar «sin inmenso daño para el mundo». Y termina: «le ruego que guarde esta carta en privado».1 El artículo anterior contaba la alquimia de Newton por lo que vieron otros; esta es una de las pocas veces en que Newton la dice con su propia voz, y en una carta.

El texto de la carta es de dominio público: Newton murió en 1727, y la leí en una edición de 1841, en la imagen de las páginas. La traducción, el resumen y la pieza de este artículo son nuestros y se pueden copiar libremente, también con fines comerciales, siempre que se cite la fuente (licencia CC BY 4.0).

La carta en cinco puntos

  1. Las gracias. Newton agradece a Oldenburg que publicara su última carta en las Philosophical Transactions y que propusiera hacer ante la Royal Society «el experimento en disputa», para que «los amigos del señor Linus» se den por satisfechos. (Linus era un jesuita de Lieja que criticaba sus experimentos y había muerto en 1675.)2
  2. El mercurio de Boyle. Acaba de leer el artículo de Boyle sobre la «incalescencia» del oro y el mercurio, y cree que a muchos «les picarán los dedos» por saber cómo se prepara. Le parece prudente que Boyle no lo revele.
  3. Una explicación mecánica. No cree que ese mercurio valga mucho en medicina ni en química. Lo compara con el agua fuerte: las partículas metálicas que lleva disueltas serían más gruesas que las del mercurio y, al mezclarse con el oro, lo «sacudirían» y lo calentarían.
  4. El «alto silencio». Aun así, como otros que conocían el método lo han ocultado, podría ser «la entrada a algo más noble», que no se debe comunicar sin inmenso daño para el mundo «si hubiera alguna verdad en los escritores herméticos». Por eso Boyle debería callar hasta que lo juzgue «un verdadero filósofo hermético», «si es que hay alguno».
  5. El secreto. Newton da su opinión porque Boyle parecía pedir la de otros, y ruega a Oldenburg que guarde la carta en privado.

Qué había publicado Boyle

En las Philosophical Transactions de febrero de 1676 salió, firmado solo con las iniciales «B. R.», un artículo en inglés y latín titulado «Sobre la incalescencia del azogue con el oro». Boyle contaba que muchos alquimistas negaban que existiera un mercurio así, y que los que había interrogado le confesaron, cada uno por separado, «que nunca habían visto de verdad ningún mercurio incalescente, aunque a veces lo habían oído jactar a los alquimistas»; a un químico honrado le colaron uno como verdadero, se lo llevaron para convencerle y, al probarlo, no se calentó. Boyle decía tener el suyo desde hacia 1652, y que el propio Oldenburg había hecho el experimento con sus manos y con éxito. No afirmaba que fuera el «mercurio filosófico» de los que buscaban el oro, y explicaba por qué no daba el método: temía las preguntas y las peticiones, tenía la mano tan débil que no podía escribir, y no le parecía bien dictarle «semejante asunto» a un amanuense.3

Newton leyó el artículo y escribió la carta al día siguiente: «Ayer, leyendo las dos últimas Philosophical Transactions…».1

La carta entera, traducida

Cambridge, 26 de abril de 1676.

Señor:

Tengo que darle las gracias por partida doble: por publicar mi carta en sus últimas Transactions y por proponer que el experimento en disputa se haga ante la Royal Society. Podría desearlo mucho, por no decir ambicionarlo, si no temiera resultar molesto; y por eso tendré por un gran favor que usted quiera hacerlo hacer, pues me inclino a pensar que de otro modo los amigos del señor Linus no se darán por satisfechos.

Ayer, leyendo las dos últimas Philosophical Transactions, tuve ocasión de considerar el insólito experimento del señor Boyle sobre la incalescencia del oro y el mercurio. Creo que a muchos les picarán los dedos por llegar a saber cómo se prepara un mercurio así, y que para ello no faltará quien pida que se publique, alegando el bien que puede hacer en el mundo; pero, a mi sencillo juicio, el noble autor, puesto que ha creído oportuno revelar tanto, obra con prudencia al reservarse el resto. No porque yo crea que un mercurio así tenga gran excelencia, ni para operaciones médicas ni químicas: porque me parece que las partículas metálicas de que está impregnado ese mercurio pueden ser más gruesas que las partículas del mercurio y estar dispuestas a mezclarse más fácilmente con el oro por alguna otra razón que su sutileza, y entonces, al mezclarse, su grosor puede permitirles dar a las partes del oro un choque mayor y ponerlas así en un movimiento más vivo del que podrían partículas más pequeñas: de modo muy parecido a como las partículas salinas de que están impregnados los licores corrosivos calientan muchas cosas que se ponen a disolver, mientras que las partes más finas del agua común apenas calientan nada de lo que en ella se disuelve, por rápida que sea la disolución; y si calientan algo (como la cal viva), cabe sospechar que el calor lo producen algunas partículas salinas escondidas en el cuerpo, que el agua pone a actuar sobre él y que no podían actuar mientras estaban secas. Compararía, pues, este mercurio impregnado con algún licor corrosivo (como el agua fuerte): la parte mercurial del uno con la parte acuosa o flemática del otro, y las partículas metálicas de que está impregnado el uno con las partículas salinas de que está impregnado el otro; y supongo que ambas pueden ser de una naturaleza intermedia entre el licor que impregnan y los cuerpos que disuelven, y por eso entrar en esos cuerpos con más libertad y, por su grosor, sacudir las partículas disueltas con más fuerza que un agente más sutil. Si se admite esta analogía entre estas dos clases de licores, se puede adivinar la poca utilidad del uno por la poca disposición del otro, sea para la medicina, sea para la vegetación.

Pero aun así, como el modo en que el mercurio puede impregnarse de esa forma ha sido ocultado por otros que lo han conocido, y por tanto puede quizá ser la entrada a algo más noble, que no se ha de comunicar sin inmenso daño para el mundo si hubiera alguna verdad en los escritores herméticos, no dudo de que la gran sabiduría del noble autor le inclinará a un alto silencio hasta que esté seguro de qué consecuencias puede tener la cosa, sea por su propia experiencia, sea por el juicio de algún otro que entienda a fondo de lo que habla, es decir, de un verdadero filósofo hermético, cuyo juicio (si es que hay alguno) habría de tenerse en más en este punto que el de todo el resto del mundo en contra, habiendo otras cosas además de la transmutación de los metales (si esos grandes pretendientes no fanfarronean) que nadie sino ellos entiende. Señor, puesto que el autor parece deseoso de conocer el parecer de otros en este punto, me he tomado la libertad de soltar mi dardo; pero le ruego que guarde esta carta en privado.

Su servidor, Is. Newton.1

La pieza siguiente pone, frase a frase, el inglés de Newton al lado de nuestra traducción:

Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Recorre la carta en nueve frases, con el inglés de 1676 y nuestra traducción al lado, y una nota en cada una: las gracias y los amigos de Linus; el experimento de Boyle; los dedos que pican; la prudencia del autor; la poca utilidad del mercurio; «la entrada a algo más noble»; el «alto silencio»; el «verdadero filósofo hermético, si es que hay alguno»; y «guarde esta carta en privado».

Lo que dice y lo que no

Lo que más llama la atención al leerla entera es cuánto se cubre Newton. Pide silencio, pero lo condiciona tres veces: «si hubiera alguna verdad en los escritores herméticos», «si es que hay alguno» de esos verdaderos filósofos, y «si esos grandes pretendientes no fanfarronean». Y antes ha dado una explicación de partículas gruesas y finas, sin nada de secreto, y ha dicho que ese mercurio le parece de poca utilidad. La carta no dice que Boyle tuviera la piedra filosofal, ni que Newton creyera tenerla cerca. Dice que, por si acaso, más valía callar.

Hay además una ironía. Newton pidió que la carta quedara en privado, y en 1841 Stephen Peter Rigaud la publicó, junto con otras, a partir de los originales de la colección del conde de Macclesfield.1 Hoy cualquiera la puede leer, y eso es lo que permite discutirla.

Cómo copiar y citar este resumen

Se puede copiar, traducir y reutilizar la traducción, el resumen en cinco puntos y la pieza de este artículo, en cualquier medio, también con fines comerciales, citando la fuente. Una forma de hacerlo: «Traducción y resumen de la carta de Isaac Newton a Henry Oldenburg del 26 de abril de 1676, por Anima Mundis (animamundis.tech), licencia CC BY 4.0». El texto inglés de la carta es de dominio público y no hace falta pedir permiso a nadie para usarlo.

Lo que no pude leer

No leí el manuscrito original de la carta, ni la edición moderna de la correspondencia de Newton (H. W. Turnbull y otros, a partir de 1959), que tiene derechos y anota la carta con más detalle. Usé la edición de Rigaud de 1841, que imprime la carta con la ortografía de esa edición y no con la de Newton. Del artículo de Boyle leí la parte inglesa en el texto digitalizado, que tiene errores de reconocimiento; no lo comparé con la imagen de las páginas. Lo de Linus y Oldenburg viene de la Wikipedia.2

Qué hacemos nosotros con esto

Newton pidió secreto y hoy su carta es de todos. Es una buena razón para que lo que nosotros escribimos sobre ella también lo sea: el conocimiento de una carta de 1676 no debería quedar encerrado en una edición con derechos. En el Observatorio contamos voces en abierto por la misma razón.

Fuentes

  1. Isaac Newton a Henry Oldenburg, Cambridge, 26 de abril de 1676, carta CCLXVIII en Correspondence of Scientific Men of the Seventeenth Century, ed. Stephen Peter Rigaud, vol. 2 (Oxford, University Press, 1841), pp. 395-397, archive.org (dominio público). Texto inglés cotejado con la imagen de las tres páginas. Traducción nuestra, licencia CC BY 4.0. ↩
  2. «Francis Line» y «Henry Oldenburg», Wikipedia, consultadas el 7 de octubre de 2026. Fuente secundaria: Linus (Francis Line), jesuita de Lieja crítico de Newton, murió en noviembre de 1675; Oldenburg fue el primer secretario de la Royal Society. ↩
  3. [Robert Boyle], «Of the incalescence of quicksilver with gold, generously imparted by B. R.», Philosophical Transactions 10 (1675-1676), pp. 515-533, doi:10.1098/rstl.1675.0059; leído en el volumen digitalizado de archive.org (dominio público). Traducciones mías. ↩

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