Clavícula de Salomón: qué es y quién la escribió
La Clavícula de Salomón es un manual de magia que dice haber sido escrito por el rey Salomón para su hijo. Sus copias más antiguas son del Renacimiento y la Iglesia la prohibió en 1564. Aquí va qué contiene, qué cuenta de sí misma y qué dicen los manuscritos, leídos en griego, latín, hebreo, alemán e inglés.
La Clavícula de Salomón es un grimorio, es decir, un libro de magia ceremonial, que se presenta como obra del rey Salomón, escrita para su hijo Roboam. «Clavícula» significa aquí «llave pequeña», del latín clavicula, diminutivo de clavis: el libro se llama a sí mismo la llave que abre todas las artes mágicas. Enseña a conjurar espíritus con oraciones, círculos y «pentáculos», medallas con nombres hebreos, para cosas tan concretas como encontrar un objeto robado o ganarse el favor de alguien. Sus copias más antiguas son de los siglos XV y XVI, y en 1564 ya figuraba en el Índice de libros prohibidos de la Iglesia.169 El artículo anterior cerraba el tramo de la memoria; este abre uno nuevo, el de los grimorios. No los leemos para usarlos, sino para fecharlos: quién los escribió, cuándo y con qué palabras.
¿Qué hay dentro de la Clavícula de Salomón?
La versión más conocida es la que publicó en inglés S. L. MacGregor Mathers en 1889, reuniendo siete manuscritos del Museo Británico. Se divide en dos libros.1
El primero es el de los «experimentos». Empieza por el amor a Dios que debe preceder a todo, sigue con los días y las horas de cada planeta, la confesión que hace el operador y una escalera de conjuros, cada uno «más fuerte» que el anterior. Luego vienen los encargos: el experimento de las cosas robadas, el de la invisibilidad, el de buscar favor y amor, cómo hacerse con un tesoro guardado por espíritus, cómo impedir que un cazador mate una pieza, y hasta unas ligas mágicas de piel de ciervo para caminar sin cansarse.1 La lista dice mucho de quién lo usaba: no reyes, sino gente con problemas pequeños y concretos.
El segundo libro es el del equipo. Cómo ayunar y bañarse, qué ropa llevar, cómo hacer el cuchillo, la espada y la varita, cómo trazar el círculo, qué perfumes quemar, cómo preparar la tinta, la pluma y el pergamino «virgen», y qué sacrificios ofrecer a los espíritus, algunos con sangre de animales. Mathers advierte en su prefacio contra el uso de la sangre y dice que quitó «uno o dos experimentos» de magia negra.1 Aquí no copiamos ninguna receta: lo que nos interesa es el libro como documento.
La historia que el libro cuenta de sí mismo
La Clavícula trae su propio origen. Según la introducción del manuscrito latino más antiguo que usó Mathers, Salomón la escribió para su hijo: «Guarda, oh hijo mío Roboam, la sabiduría de mis palabras». Un ángel le había dado el conocimiento de todas las criaturas, y él lo encerró en una obra con «el secreto de los secretos», de modo que, «como una llave abre un tesoro», esta llave abriera las artes mágicas.1
Salomón ordena guardarla en una caja de marfil y enterrarla con él. Mucho tiempo después, unos «filósofos babilonios» que reparan el sepulcro encuentran la caja, pero no entienden nada. Uno de ellos, Iohé Grevis, reza llorando, se le aparece un ángel y el texto se le vuelve claro, con una condición: que nunca llegue a manos de indignos.1 Otro manuscrito, en francés, cuenta una versión distinta: un rabino llamado Abognazar la tradujo al latín y la llevó a Arles, en Provenza, donde pasó a manos del arzobispo «tras la destrucción de los judíos de esa ciudad».1
Son leyendas de origen, y las dos hacen lo mismo: explicar por qué un libro de Salomón aparece de pronto en Europa, mil años después.
¿Quién escribió la Clavícula de Salomón?
No la escribió Salomón. Lo que sí es antiguo es la fama de Salomón como señor de los demonios, y conviene separar las dos cosas.
La fama está en Flavio Josefo, en el siglo I. En sus Antigüedades judías cuenta que Dios le concedió a Salomón aprender «el arte contra los demonios», que compuso conjuros contra las enfermedades y dejó fórmulas de exorcismo. Y da un testimonio: vio a un judío llamado Eleazar liberar a endemoniados delante de Vespasiano, sus hijos y sus soldados. Le acercaba a la nariz un anillo que tenía, bajo el sello, una raíz de las que había indicado Salomón, sacaba al demonio por las narices y, para probarlo, le mandaba volcar al salir una copa de agua puesta cerca.2 Josefo habla de conjuros y de un anillo, no de un libro llamado Llave.
Después vino el Testamento de Salomón, un texto griego en el que el arcángel Miguel le da al rey un pequeño anillo con una piedra grabada, y con él Salomón llama a los demonios uno a uno, les pregunta su nombre y los pone a construir el Templo. El primero es Ornias, que de noche le quitaba a un muchacho la mitad de su paga y le chupaba el pulgar.3 Chester McCown, que lo editó en 1922, lo fechó a principios del siglo III, y en ese mismo siglo Orígenes ya escribía que «con conjuros escritos por Salomón se suele conjurar a los demonios».4
Entre ese Salomón antiguo y la Clavícula hay más de mil años sin rastro del libro. Según la Wikipedia, el texto debió de formarse en latín o en italiano en los siglos XIV o XV, y está emparentado con un tratado griego de magia salomónica cuya copia más antigua es del siglo XV.9 Los manuscritos lo confirman. De los siete que reunió Mathers, el más antiguo es de finales del siglo XVI y se titula «La llave de Salomón, traducida de la lengua hebrea al latín»; los demás son de los siglos XVII y XVIII.1 Mathers mismo notó algo raro: en todos, el hebreo está «execrablemente» destrozado por copistas que no lo sabían leer.1
¿Existió un original hebreo?
Los manuscritos franceses dicen que la Clavícula fue «traducida de la lengua hebrea al italiano por Abraham Colorno, por orden de Su Alteza Serenísima de Mantua».1 Abramo Colorni existió: fue un ingeniero y polímata judío de Mantua, y según la Wikipedia hizo esa versión hacia 1580, a petición del duque. El historiador Daniel Jütte sospecha que Colorni pudo componerla él mismo, y que el «original» hebreo sería en realidad una traducción de su latín o su italiano.9
En 1903 apareció un manuscrito hebreo de la Mafteaḥ Shelomoh, la «Llave de Salomón». Lo encontró Hermann Gollancz entre los libros de su padre y lo publicó en facsímil en 1914. Gollancz lo llama copia de otro más antiguo y le calcula «más de 200 años». Su juicio es prudente: hay oraciones en un hebreo puro, pero otras partes «se leen como traducciones de alguna fuente occidental, o adaptaciones de fuentes árabes».5 Gollancz cita además a un cronista judío, Gedaliah ibn Yahya, que hablaba de unos escritos de conjuros de Salomón «llamados la Llave de Salomón»; esa crónica se imprimió en Venecia en 1587, según la Wikipedia.59 Hoy se piensa que el texto hebreo no es el original, sino una adaptación judía tardía de un texto latino o italiano.9
La respuesta corta, por tanto: la Clavícula la escribieron autores anónimos del Renacimiento italiano, con materiales griegos, árabes y judíos, y la pusieron a nombre de Salomón. Es lo mismo que ya vimos con Hermes Trismegisto: un libro gana autoridad si lo firma un sabio muy antiguo.
Prohibida desde 1564
La prueba más firme de que la Clavícula circulaba en el siglo XVI no está en los grimorios, sino en sus enemigos. El Índice de libros prohibidos publicado por Pío IV en 1564, tras el Concilio de Trento, la nombra en su lista de libros sin autor: Clauicula Salomonis. El Índice español del inquisidor general Gaspar de Quiroga, impreso en Madrid en 1583, la repite con las mismas palabras.6 Nadie prohíbe un libro que no existe: en 1564 la Clavícula ya era lo bastante conocida como para perseguirla.
Clavícula mayor y menor: no son el mismo libro
Quien busca la Clavícula se encuentra a menudo con la Clavícula menor o Lemegeton, con sus 72 demonios y sus sellos. Es otro libro. Mathers lo dice en el prefacio: el Lemegeton «no es el mismo que el presente libro». Y avisa contra otros dos que circulaban con el nombre de Salomón, el Grimorium verum y una «Clavícula reducida» italiana, «llenos de magia maligna».1 Según la Wikipedia, el Lemegeton es del siglo XVII, y la Clavícula no menciona a sus 72 espíritus.9 En la Clavícula, en cambio, todo se pide en nombre de Dios: antes de cada operación hay confesión y oración.
Del manuscrito a la imprenta
Durante siglos la Clavícula vivió copiada a mano, y aun así entró en la literatura. Goethe la pone en boca de Fausto en 1808, cuando el perro negro empieza a transformarse: «Para semejante media cría del infierno, sirve la Llave de Salomón».7 En Lima, Ricardo Palma se burla de «los demonógrafos, que andan á vueltas y tornas con las Clavículas de Salomón, libro que leen al resplandor de un carbunclo».8
La primera edición impresa completa fue la de Mathers, fechada en Londres en octubre de 1888. Dice que antes solo hubo una copia francesa «recortada e incompleta» del siglo XVII. Y defiende al autor que el libro se da a sí mismo: «No veo razón para dudar de la tradición que atribuye la autoría de la Llave al rey Salomón», porque Josefo menciona sus obras mágicas.1 Pero Josefo, como hemos visto, habla de conjuros, no de este libro. En 1914, el editor estadounidense L. W. de Laurence reimprimió la versión de Mathers, según la Wikipedia, con instrucciones nuevas que mandaban quemar su propio incienso, que vendía por correo.9
Del rey al manuscrito
Esta pieza recorre por orden los textos que hablan de Salomón y su llave. Cada uno trae la frase original, en griego, latín, hebreo, alemán, español o inglés, y su traducción.
Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Recorre once textos por orden de fecha, con la frase original y su traducción: Josefo, siglo I (Dios le concedió el arte contra los demonios); Josefo (el anillo con una raíz bajo el sello); el Testamento de Salomón (el anillo con una piedra grabada); Orígenes, siglo III (los conjuros escritos por Salomón); el Índice de 1564 (Clauicula Salomonis); Gedaliah ibn Yahya, 1587 (llamada la Llave de Salomón); el manuscrito latino de finales del XVI (traducida del hebreo al latín); los manuscritos franceses (traducida por Abraham Colorno); Goethe, 1808 (sirve la Llave de Salomón); Mathers, 1888 (no veo razón para dudar); y Gollancz, 1914 (se leen como traducciones de una fuente occidental).
Lo que no pude leer
Leí la edición de Mathers: el prefacio, la introducción y los títulos de todos los capítulos.1 Leí en griego el pasaje de Josefo,2 la introducción y los primeros capítulos del Testamento en la traducción de Conybeare (1898)3 y las páginas de McCown sobre la fecha y sobre Orígenes.4 Leí la introducción de Gollancz, pero no el manuscrito hebreo, que está en una cursiva que no sé leer.5 Vi las páginas de los dos Índices.6 No leí ningún manuscrito de la Clavícula, ni el tratado griego del siglo XV, ni la crónica de Gedaliah ibn Yahya, ni los trabajos de Jütte o de Mathiesen. Lo que digo de la fecha del texto, del tratado griego, de Colorni, de los manuscritos hebreos, del Lemegeton y de De Laurence es de la Wikipedia.9 Las traducciones son mías.
Qué hacemos nosotros con esto
La Clavícula de Salomón existe: hay muchos manuscritos, un Índice que la prohíbe y una edición impresa que se sigue vendiendo. Lo que no existe es el libro del rey Salomón. Lo que nos llevamos de ella sirve para cualquier texto que diga ser antiguo: no basta con la fecha que el libro se da a sí mismo, hay que buscar la copia más antigua y quién la nombró primero. La de la Clavícula es del Renacimiento. En el Observatorio hacemos lo mismo con lo que medimos: solo afirmamos lo que se puede fechar.
Fuentes
- S. L. MacGregor Mathers (ed. y trad.), The Key of Solomon the King (Clavicula Salomonis) (Londres: George Redway, 1889), en archive.org: prefacio (fechado en octubre de 1888), pp. v-viii; «Preliminary Discourse» e introducción, pp. 1-4; títulos de los capítulos de los libros I y II. Traducciones mías. ↩
- Flavio Josefo, Antigüedades judías VIII.2.5 (§§ 45-49): texto griego de la edición de B. Niese en Perseus y traducción inglesa de W. Whiston en el Proyecto Gutenberg. Whiston dice «a Foot» donde el griego dice ῥίζαν, «una raíz». Traducción mía del griego. ↩
- F. C. Conybeare, «The Testament of Solomon», The Jewish Quarterly Review 11 (octubre de 1898), pp. 1-45, en archive.org: introducción, pp. 1-2, y capítulo I, pp. 16-17. Traducciones mías. ↩
- Chester Charlton McCown, The Testament of Solomon (Leipzig: Hinrichs, 1922), en archive.org: p. 94 (Orígenes, Commentariorum series in Matthaeum 110) y p. 108 (la fecha). Traducciones mías. ↩
- Hermann Gollancz, Sepher Maphteah Shelomo (Book of the Key of Solomon) (Oxford University Press, 1914), introducción, pp. iii-v, en archive.org. Traducciones mías. ↩
- Index librorum prohibitorum (Roma, 1564), en archive.org, lista de libros de la letra C; e Index et catalogus librorum prohibitorum de Gaspar de Quiroga (Madrid: Alonso Gómez, 1583), fol. 20, en archive.org. Leídos en las imágenes de las páginas. ↩
- Johann Wolfgang von Goethe, Fausto I (1808), escena «Cuarto de estudio», en el Proyecto Gutenberg. Traducción mía. ↩
- Ricardo Palma, «Don Dimas de la Tijereta», Tradiciones peruanas, primera serie, tomo I (Barcelona: Montaner y Simón, 1893), en Wikisource. ↩
- «Key of Solomon», «Abramo Colorni», «Gedaliah ibn Yahya ben Joseph» y «Lesser Key of Solomon» en Wikipedia en inglés, consultadas el 14 de octubre de 2026. Fuente secundaria: la fecha probable del texto, el tratado griego del siglo XV, Colorni y la hipótesis de Jütte, los manuscritos hebreos, la fecha de la crónica de Gedaliah ibn Yahya, el Lemegeton y la edición de De Laurence. ↩