Ouroboros: qué significa la serpiente que se come la cola

El ouroboros, o uróboros, es la serpiente que se come la cola y forma un círculo. No tiene un solo significado: según quién lo dibuje es el universo, «uno es el todo», una operación de alquimia, una cárcel o un monstruo que hay que matar. Aquí van las fuentes, una por una.

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El ouroboros (en castellano también uróboros) es la imagen de una serpiente, o un dragón, que se muerde o se come la propia cola y forma un círculo. La palabra es griega: ourá, «cola», y ‑bóros, «que come».1 No tiene un significado único. Según la fuente, la serpiente es el universo, el año, «uno es el todo», una operación de alquimia, el principio que está en el fin, una cárcel para las almas o un monstruo que hay que matar. El artículo anterior contaba que El Kybalión se presenta como sabiduría egipcia y es de 1908. Este símbolo sí tiene su primera imagen conocida en Egipto, y aquí va lo que dice de él cada texto que pude leer, con su fecha.

¿Qué significa el ouroboros?

La respuesta corta es que depende de a quién se le pregunte, y que las respuestas no siempre se parecen. La serpiente de los alquimistas griegos no es la de los gnósticos, y ninguna de las dos es la del mundo nórdico. Lo que tienen en común es la forma: algo que vuelve sobre sí mismo, sin principio ni fin a la vista. Lo que cada uno pone dentro de esa forma está en esta pieza, de la más antigua a la más reciente:

Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Es un anillo con diez estaciones, de la más antigua a la más reciente, y en cada una se lee qué significa la serpiente para esa fuente, con una cita en su lengua y su traducción: la tumba de Tutankamón (siglo XIV a. C.), el Timeo de Platón, la Crisopea de Cleopatra («uno es el todo»), los alquimistas griegos (la disolución), la Pistis Sophia (la tiniebla exterior), Macrobio (el mundo que se alimenta de sí mismo), Horapolo (el universo), Olimpiodoro (el principio en el fin), la Edda (la serpiente del mundo) y Kekulé (el anillo del benceno). Jung, que es del siglo XX, va en el texto.

La imagen más antigua: Egipto

Según la Wikipedia, uno de los ouroboros más antiguos que se conocen está en la tumba de Tutankamón, del siglo XIV antes de nuestra era, en un texto funerario que hoy se llama Libro enigmático del inframundo: dos serpientes con la cola en la boca rodean una gran figura, una la cabeza y otra los pies, y podrían ser formas del dios Mehen, que protege a Ra en su viaje por el mundo de los muertos.1 No hay una frase que lo explique: es una imagen. Lo que dice que significa viene de mucho después y en griego.

Horapolo, un autor del siglo V que escribió en griego sobre los jeroglíficos, dice que, para representar el universo, «dibujan una serpiente moteada de escamas variadas que devora su propia cola»: las escamas son las estrellas; la serpiente pesa como la tierra y resbala como el agua; cada año muda la piel con su vejez, como el año que se renueva; y que se alimente de su propio cuerpo indica que todo lo que nace en el mundo vuelve a disolverse en él.2 Conviene leerlo con cuidado: Horapolo escribe cuando ya nadie leía jeroglíficos, y buena parte de su libro no cuadra con lo que se sabe hoy de la escritura egipcia. Su traductor de 1840 añade que en monumentos egipcios hay figuras del dios Atum rodeadas por una serpiente con la cola en la boca.2

«Uno es el todo»: la Crisopea de Cleopatra

La imagen que más se reproduce viene de la alquimia griega. En un manuscrito de la biblioteca de San Marcos de Venecia, de finales del siglo X o principios del XI según Marcellin Berthelot, que lo editó en 1887, hay una hoja titulada Crisopea de Cleopatra, «la fabricación del oro de Cleopatra».3 Arriba, tres círculos concéntricos; el de fuera termina en una especie de cola, y Berthelot la lee como la figura de «la serpiente mística». En el anillo interior pone: Εἷς ἐστιν ὁ ὄφις ὁ ἔχων τὸν ἰόν, «uno es la serpiente, la que tiene el veneno». En el exterior: Ἓν τὸ πᾶν, «uno es el todo», «y por él el todo, y hacia él el todo; y si el todo no contiene el todo, el todo no es nada». Más abajo, a la izquierda, una serpiente que se muerde la cola con la misma frase en el centro: ἓν τὸ πᾶν.3 Lo leí en la imagen de la página impresa, porque el texto digitalizado estropea el griego.

¿Qué quería decir esa serpiente para quien trabajaba con metales? Un texto breve de la misma colección, que Berthelot titula «La serpiente Ouroboros», lo dice sin rodeos: «Este es el misterio: la serpiente Ouroboros es la composición que, en su conjunto, es devorada y fundida, disuelta y transformada por la fermentación». Se vuelve verde oscura, de ella sale el color del oro y luego el rojo «llamado color de cinabrio».3 Sus cuatro patas son los cuatro metales imperfectos (Berthelot anota: plomo, cobre, estaño, hierro) y sus tres orejas, «los tres vapores sublimados». Y añade: «La naturaleza se alegra de la naturaleza, la naturaleza encanta a la naturaleza, la naturaleza domina a la naturaleza».3 Aquí, la serpiente que se come no es un mensaje espiritual: es la materia que se deshace para cambiar. Berthelot reconoce que es difícil saber a qué reacciones químicas aluden estas fórmulas.3

El principio en el fin

Olimpiodoro, un comentarista griego de alquimia, da otra lectura en la misma colección: Agatodemón «puso el principio en el fin y el fin en el principio», y eso es la serpiente Ouroboros. Y más: algunos la llaman el Cielo, «quizá porque la serpiente es la imagen del mundo»; los escribas sagrados egipcios que querían dibujar el mundo en los obeliscos grabaron la serpiente Ouroboros, «y su cuerpo está constelado de astros».3 Es la misma idea que Horapolo: las escamas como estrellas. Lo leí en la traducción francesa de Berthelot, no en el griego.

Un mundo que se alimenta de sí mismo

Platón no habla de ninguna serpiente, pero en el Timeo describe un cuerpo que hace lo mismo. El cuerpo del mundo es una esfera lisa, sin ojos ni oídos porque no hay nada fuera que ver ni oír, sin órganos para comer ni para expulsar, porque nada sale de él ni le llega: «él mismo se da por alimento su propio desgaste» (αὐτὸ γὰρ ἑαυτῷ τροφὴν τὴν ἑαυτοῦ φθίσιν παρέχον), y todo lo hace y lo padece en sí mismo y por sí mismo.4 Es el mismo pasaje del alma del mundo con el que empezó este Diario, en el primer artículo de la ruta.

Unos siete siglos después, Macrobio, un autor latino de hacia el año 430, une las dos cosas. Hablando de Jano, cuenta que algunos lo identificaban con el mundo, y que por eso «los fenicios, al representarlo en sus ritos, imaginaron un dragón enroscado en círculo que devora su cola, para que se vea que el mundo se alimenta de sí mismo y vuelve sobre sí mismo» (ut appareat mundum et ex se ipso ali et in se revolvi).5 Que Macrobio diga casi con las palabras del Timeo lo que significa la serpiente es una observación mía; no sé si lo tomó de Platón ni si los fenicios la dibujaban así: es lo que dice Macrobio.

Una cárcel: la Pistis Sophia

En la Pistis Sophia, un texto gnóstico en copto que se suele fechar hacia el año 400, la serpiente significa casi lo contrario. María pregunta cómo es la tiniebla exterior, y Jesús responde: «La tiniebla exterior es un gran dragón cuya cola está en su boca, fuera del mundo entero y rodeando el mundo entero». Dentro hay doce mazmorras de castigo, cada una con un gobernante; el primero tiene cara de cocodrilo y también la cola en la boca.6 Unas páginas después, el texto dice que si se reza por un alma que está en el dragón, este «sacará la cola de la boca y dejará ir esa alma».6 La Wikipedia dice que, para los gnósticos, la serpiente que se muerde la cola simbolizaba la eternidad y el alma del mundo.1 En el pasaje que leí es otra cosa: un círculo que encierra, y que se abre para que el alma salga. Leí la traducción inglesa de G. R. S. Mead (1921), no el copto.

La serpiente del mundo nórdico

En la Edda de Snorri Sturluson, del siglo XIII, Odín arroja a la serpiente Jörmungandr, hija de Loki, al mar profundo que rodea todas las tierras, y la serpiente crece tanto «que yace en medio del océano alrededor de todas las tierras y se muerde la cola» (ok bítr í sporð sér).7 No es un símbolo de plenitud: es un monstruo, y en el Ragnarök, el fin del mundo, Thor la mata, se aleja «nueve pasos» y cae muerto por el veneno que la serpiente le echa encima.7 Snorri no la llama «ouroboros»; la forma es la misma y no tengo ninguna prueba de que una venga de la otra.

¿Aparece en la Biblia?

No. Busqué en la Biblia del rey Jacobo cada vez que sale el Leviatán (Job 41, Salmos 74 y 104, Isaías 27) y cada vez que sale una cola, y ningún animal se muerde la suya.8 La relación viene de después: según la Wikipedia, el Zohar, un libro de la cábala del siglo XIII, dice del Leviatán que «tiene la cola puesta en la boca», y un comentario de Rashi lo describe enroscado alrededor del mundo entero.1 No leí ninguno de los dos.

¿Y el significado espiritual?

El que más se repite hoy viene de Carl Jung, en el siglo XX. Según la cita que da la Wikipedia de sus Obras completas (vol. 14, §513), Jung veía el ouroboros como un arquetipo y escribió que es «un símbolo dramático de la integración y la asimilación del opuesto, es decir, de la sombra», y que los alquimistas sabían que la materia prima de su arte era el ser humano mismo.1 Es una lectura psicológica de un psiquiatra del siglo XX, no lo que decía el texto griego, que hablaba de metales que se disuelven. No la cotejé con la edición impresa. Lo de «la vida, la muerte y el renacimiento», «el infinito» o el «eterno retorno» que se lee en las páginas de tatuajes son lecturas modernas: en las fuentes que leí, la serpiente es el universo, el año, la materia, la tiniebla o un monstruo, según quién la dibuje.

El sueño de Kekulé y el anillo del benceno

En 1890, en una fiesta en su honor en Berlín, el químico August Kekulé contó cómo se le ocurrió que la molécula de benceno era un anillo. Según la traducción inglesa que leyó Francis Japp en Londres en 1897: estaba escribiendo su manual, el trabajo no avanzaba, giró la silla hacia el fuego y se adormeció; los átomos «retozaban» ante sus ojos, en largas filas que se retorcían «como serpientes». «Pero ¡mira! ¿Qué era eso? Una de las serpientes se había agarrado la propia cola, y la figura giraba burlona ante mis ojos.» Y añadió: «Aprendamos a soñar, señores, y quizá encontremos la verdad… pero cuidémonos de publicar nuestros sueños antes de que los haya puesto a prueba el entendimiento despierto».9

Dos cosas que conviene saber. En ese texto, Kekulé no dice «ouroboros» ni habla de alquimia: dice una serpiente. Que fuera «el símbolo alquímico» lo dicen otros después. Y la historia tiene sus dudas: el químico Miroslav Novák, en un estudio de 2020, sostiene que los sueños probablemente no ocurrieron en las fechas ni en los lugares que se cuentan, o que no ocurrieron, y recuerda que Josef Loschmidt ya había dibujado el benceno como un ciclo en 1861, cuatro años antes que Kekulé.10 No leí el discurso en alemán.

Lo que no pude leer

No leí el Libro enigmático del inframundo ni ningún estudio de egiptología: lo de Tutankamón viene de la Wikipedia. De Berthelot leí la descripción de las figuras (pp. 132-133 y 157-159 de la Introducción), los dos textos breves sobre la serpiente y el pasaje de Olimpiodoro, en francés; el griego, solo el de la Crisopea, en la imagen de la página. De la Pistis Sophia, el capítulo 126 y la oración que lo sigue, en la traducción de Mead. De Horapolo, solo el capítulo I.2 en la traducción inglesa de 1840. No leí a Jung ni el Zohar, ni el texto védico (Aitareya Brahmana) que según la Wikipedia compara el rito con «una serpiente que se muerde la cola», ni el discurso de Kekulé en alemán. Del estudio de Novák, que está en checo, leí los pasajes sobre los sueños y sobre Loschmidt.

Qué hacemos nosotros con esto

Este Diario empezó con el Timeo y el alma del mundo, y este artículo vuelve a él: la forma de la ruta también da la vuelta. En Anima Mundis, el Observatorio cuenta las voces que llegan cada hora UTC, y el día se cierra sobre sí mismo cada veinticuatro horas. Eso es un reloj, no una serpiente, y no significa nada más. De las fuentes queda una advertencia útil: la misma forma sirvió para decir «uno es el todo» y para decir «cárcel». Antes de tatuarse un significado, conviene preguntar de qué texto viene.

Fuentes

  1. «Ouroboros», Wikipedia, consultada el 6 de octubre de 2026. Fuente secundaria: la etimología, la tumba de Tutankamón y Mehen, los gnósticos, el Zohar y Rashi, el Aitareya Brahmana y la cita de Jung (Obras completas, vol. 14, §513). Traducciones mías. ↩
  2. Horapolo, The Hieroglyphics of Horapollo Nilous, trad. Alexander Turner Cory (Londres, 1840), libro I, cap. 2 y lámina I, archive.org (dominio público). Leí la traducción inglesa; el griego de esta edición no lo pude leer en la copia digital. Traducción mía. ↩
  3. Marcellin Berthelot y Charles-Émile Ruelle, Collection des anciens alchimistes grecs (París, Steinheil, 1887-1888), archive.org (dominio público). Leídos: Introducción, pp. 132-133 (la Crisopea de Cleopatra, fig. 11, del manuscrito de San Marcos; el griego cotejado en la imagen de la p. 133) y pp. 157-159 (fig. 34); en la traducción francesa, los textos I.v y I.vi, «Le serpent Ouroboros» (pp. 22-23), y Olimpiodoro, «Sur l'art sacré» (p. 87). Traducciones mías del francés. ↩
  4. Platón, Timeo 33b-d, texto griego de la edición de Burnet y traducción inglesa de R. G. Bury (1929), en el repositorio de Perseus Digital Library (dominio público); cotejado con la traducción de Benjamin Jowett, Project Gutenberg. Traducción mía. ↩
  5. Macrobio, Saturnalia I.9.11-12, texto latino en LacusCurtius, de Bill Thayer. Traducción mía. ↩
  6. Pistis Sophia, trad. G. R. S. Mead (Londres, Watkins, 1921), libro IV, cap. 126, p. 320, y la oración de las páginas siguientes, archive.org (dominio público). Leí la traducción inglesa, no el copto. Traducciones mías. ↩
  7. Snorri Sturluson, Gylfaginning (la primera parte de la Edda), texto en nórdico antiguo en heimskringla.no y traducción inglesa de Rasmus B. Anderson, The Younger Edda, Project Gutenberg: los pasajes de Jörmungandr y del Ragnarök. Traducciones mías. ↩
  8. The King James Bible, Project Gutenberg: busqué «leviathan» y «tail» en el texto completo. ↩
  9. Francis R. Japp, «Kekulé Memorial Lecture» (leída el 15 de diciembre de 1897), Journal of the Chemical Society, Transactions 73 (1898), pp. 97-138; la cita, pp. 100-101, archive.org (dominio público). Japp traduce el discurso de Kekulé publicado en los Berichte der deutschen chemischen Gesellschaft 23 (1890), que no leí en alemán. Traducción mía del inglés. ↩
  10. Miroslav Novák, «Friedrich August Kekulé – mýty a realita», Chemické listy 114 (2020), pp. 271-276, chemicke-listy.cz (acceso abierto). Leí en checo los pasajes sobre los sueños, sobre Loschmidt y el resumen en inglés. ↩

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