La alquimia árabe: de al-kīmiyā' a la Tabla Esmeralda

Entre los siglos VIII y XI se escribió en árabe una alquimia que después pasó al latín. Aquí van Jabir, del que ya en el siglo X se decía que no había existido; al-Razi, que escribió que la alquimia está «más cerca de lo necesario que de lo imposible»; y la Tabla Esmeralda, cuya versión más antigua es árabe y no dice lo mismo que «como es arriba, es abajo». Leído, siempre que se pudo, en las fuentes: el Fihrist de Ibn al-Nadim, al-Tabari, Ibn Jaldún, de Sacy, Ruska, Robert de Chester y el manuscrito de Newton.

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En el artículo sobre El Kybalión vimos que ese libro, que se presenta como la sabiduría de Hermes, no nombra nada árabe ni islámico, cuando las versiones más antiguas que se conocen de la Tabla Esmeralda son árabes. Este artículo va por ahí: la alquimia que se escribió en árabe entre los siglos VIII y XI y que después pasó al latín.

Esta es la segunda versión del artículo. La primera se apoyaba entera en la Wikipedia; esta va, siempre que pude, a las fuentes que la Wikipedia cita. Leí en árabe el Fihrist de Ibn al-Nadim, el catálogo de libros que un librero de Bagdad terminó en 987; pasajes de al-Tabari y de Ibn Abi Usaybi'a; y el capítulo sobre la alquimia de la Muqaddima de Ibn Jaldún. Leí en francés la descripción que Silvestre de Sacy publicó en 1799 del Libro del secreto de la Creación, traducida de un manuscrito árabe; en alemán, el estudio de Julius Ruska sobre la Tabla Esmeralda (1926); en latín, el prefacio de Robert de Chester; y en inglés, el manuscrito de Newton. Lo demás sigue viniendo de la Wikipedia, y lo digo en cada caso.

Una palabra que viaja

La palabra «alquimia» viene del árabe الكيمياء (al-kīmiyā'), que a su vez puede venir del egipcio kemi («negro») o del griego khumeia («fusión»). Tras la caída del Imperio romano de Occidente y la conquista islámica del Egipto romano, el centro de la alquimia pasó al Califato.1

Conviene entender bien «árabe». Aquí designa una lengua, no un origen. Para el historiador A. I. Sabra, la «ciencia árabe» es la de quienes vivieron entre el siglo VIII y la época moderna, desde la península ibérica y el norte de África hasta el valle del Indo, y cuyos resultados se expresaron sobre todo en árabe. Al-Razi era persa; Ibn Umayl, egipcio; y los fragmentos de la Genizá de El Cairo muestran a judíos que escribían recetas de alquimia en hebreo y en judeoárabe.1

Hermes se hace Idris

Los textos griegos atribuidos a Hermes Trismegisto, los Hermetica, aparecieron en el Egipto grecorromano desde el siglo I a. C. y se tradujeron al latín, al siríaco, al copto, al armenio y al persa medio antes del islam. Tras las conquistas árabes de la década de 630, un grupo de intelectuales que escribían en árabe los recibió, los tradujo y empezó a producir Hermetica propios. Hacia el siglo X, algunos musulmanes de lengua árabe identificaron a Hermes con el profeta Idris, con lo que esos textos pasaron a tener el rango de otras revelaciones proféticas.2

Las piezas de esa identificación se ven en las fuentes. A principios del siglo X, el historiador al-Tabari, al contar la descendencia de Adán, escribe: «Yared engendró a Ajnuj, que es el profeta Idris» —Ajnuj es Enoc, el de la Biblia—.3 Un siglo después, al-Mubashshir ibn Fatik da el paso que faltaba, según lo cita el médico Ibn Abi Usaybi'a: Hermes, «que es el nombre de Mercurio, se llama entre los griegos Trismegisto, entre los árabes Idris y entre los hebreos Ajnuj».4 Y el Fihrist, en 987, muestra lo poco que se sabía de él: bajo el título «Hermes el babilonio» dice que «se ha discrepado sobre él», que fue uno de los siete guardianes de los siete templos, el de Mercurio, cuyo nombre en caldeo es Hermes, y que pasó a Egipto, reinó allí y está enterrado en una de las pirámides.5

Marie-Louise von Franz, psicóloga junguiana, describe el proceso así: en los siglos VII y VIII los estudiosos islámicos se dedicaron sobre todo a traducir los textos herméticos y gnósticos sin cambiarlos; poco a poco los confrontaron con el islam, añadieron el énfasis en la unicidad de Dios (tawḥīd), un lenguaje más poético y más acento en la unión de opuestos, como el sol y la luna.1 Es una lectura entre otras.

La Tabla Esmeralda, en árabe

La versión más antigua de la Tabla está al final de un tratado de filosofía natural pensado como cosmogonía, el Libro del secreto de la Creación (Kitāb Sirr al-Khalīqa), que se presenta como obra de Apolonio de Tiana, al que los árabes llamaban Balīnūs.2

Su comienzo lo tradujo al francés Silvestre de Sacy en 1799. Habla Balinus: era un huérfano pobre, y en el lugar donde vivía había una estatua de piedra sobre una columna de madera. En la columna, una inscripción de Hermes decía que a él le había sido dada la ciencia; y en el pecho de la estatua se leía: «Si alguien desea conocer el secreto de la creación de los seres, y de qué manera fue formada la naturaleza, que mire bajo mis pies». Todos miraban y nadie veía nada. Él, ya mayor, entendió, cavó bajo la columna y encontró un subterráneo tan oscuro, y con un viento tan fuerte, que le apagaba las antorchas. Se durmió triste, y en sueños un anciano que se le parecía le dijo que pusiera la luz bajo un vaso transparente; cuando Balinus le preguntó quién era, le respondió: «Soy tu creador». Así entró, y vio «un anciano sentado en un trono de oro, que tenía en una mano una tablilla de esmeralda», y delante un libro: el del secreto de la creación.6

Ruska, en 1926, tradujo al alemán el final del libro según otro manuscrito, y ahí aparecen los versos de la tabla. Los introduce «el sacerdote Sagijus de Nablus», que dice haberlos encontrado al final del libro, y el texto aclara que estaban escritos «en siríaco, en la lengua original».7 El segundo verso dice, en árabe:

إنّ الأعلى من الأسفل والأسفل من الأعلى — Inna l-aʿlā min al-asfal wa-l-asfal min al-aʿlā.

Lo más alto es de lo más bajo, y lo más bajo es de lo más alto. La palabra clave es min, «de, desde».2 Ruska, con otro manuscrito, lee lo mismo: «Das Oberste (kommt) vom Untersten, und das Unterste vom Obersten», «lo más alto (viene) de lo más bajo, y lo más bajo de lo más alto».7 Guárdala, porque más abajo cambia.

¿De cuándo es? Ruska lo fechaba, a más tardar, hacia el año 750, porque creía que Jabir ya conocía el libro, y no lo creía anterior al siglo VI.7 Hoy se lo cree compilado a finales del siglo VIII o principios del IX, a partir, en todo o en parte, de materiales griegos o siríacos anteriores.2 De dónde, nadie lo sabe. Ruska escribió que su historia de la creación «no es ni islámica, ni persa, ni cristiana», sino «astrológica de arriba abajo», y se preguntaba si llamarla caldea, gnóstica o harrania, o si vendría de los grandes oasis del Oxus y del Jaxartes —Merv, Balj, Jiva, Bujará, Samarcanda—, que desde antiguo unían el Occidente con el Oriente.7 Chang Tzu-Kung llegó a proponer un origen chino; Joseph Needham lo rechazó por no estar probado.2

Jabir, el que quizá no existió

Abū Mūsā Jābir ibn Ḥayyān es el supuesto autor de una obra enorme, el corpus jabiriano: según los estudiosos modernos, unos 215 tratados que se conservan, sobre alquimia y química, magia y filosofía religiosa chií, fechados de forma tentativa entre c. 850 y c. 950. Contiene la clasificación sistemática de sustancias químicas más antigua que se conoce y una de las primeras versiones de la teoría del azufre y el mercurio: los metales se forman en la tierra por la unión del azufre, que da lo caliente y seco, con el mercurio, que da lo frío y húmedo, y qué metal resulta depende de la pureza y de la proporción. Ese azufre y ese mercurio no son los ordinarios, sino sustancias ideales.18 Buena parte de los escritos trata de la «ciencia de la balanza» (ʿilm al-mīzān), que quería reducir todo fenómeno a medidas y proporciones; y al lado hay una numerología de las letras, que no es química y conviene no mezclar.81

Y no se sabe si existió. Quien primero lo cuenta es Ibn al-Nadim, en el Fihrist. Lo llama «Abu Abdallah Jabir ibn Hayyan ibn Abdallah al-Kufi, conocido como el sufí», y dice en seguida que «la gente discrepó sobre él»: los chiíes lo tenían por uno de sus grandes y por compañero del imán Yafar al-Sadiq; unos filósofos lo reclamaban como filósofo; y los del arte del oro y la plata decían que la jefatura de la materia había llegado hasta él en su tiempo, y que vivía escondido, de ciudad en ciudad, por miedo al poder. Cuenta también lo que le dijo un informante: que en Kufa, en tiempos del emir Izz al-Dawla, se encontró en una bóveda un mortero de oro de unos doscientos raṭl, y que aquel lugar había sido la casa de Jabir.5

Y después: «Un grupo de sabios y de los grandes libreros dijeron que este hombre, Jabir, no tiene origen ni realidad». Otros, que si existió sólo escribió el Libro de la misericordia, y que los demás los escribió la gente y se los atribuyó. Ibn al-Nadim no está de acuerdo: que un hombre de mérito se siente a fatigarse escribiendo un libro de dos mil hojas y luego se lo atribuya a otro, existente o no, le parece «una forma de ignorancia»; y añade que al-Razi, en sus libros de alquimia, escribe «dijo nuestro maestro Abu Musa Jabir ibn Hayyan».5 Los estudiosos modernos piensan, en cambio, que «Jabir» fue el seudónimo de una escuela anónima de alquimistas chiíes de finales del siglo IX y principios del X.8

Cuatro siglos después, Ibn Jaldún seguía viéndolo como el maestro: «el imán de quienes escribieron sobre ella es Jabir ibn Hayyan, hasta el punto de que se la atribuyen sólo a él y la llaman la ciencia de Jabir; tiene sobre ella setenta epístolas, todas parecidas a acertijos». Aunque él no creía en la alquimia como oficio: quien la busca así, escribe, «pierde su dinero y su trabajo».9 Algunas obras de Jabir se tradujeron al latín con el nombre de Geber, y en el siglo XIII un autor anónimo, el «pseudo-Geber», empezó a escribir con ese nombre.8

Al-Razi, que creía en ella

Abū Bakr al-Rāzī (c. 865–925), nacido en Rayy, era sobre todo un médico persa.10 La primera versión de este artículo lo presentaba como alguien que dudaba de poder hacer oro, a partir de una anécdota que la Wikipedia toma de una biografía moderna. La fuente más antigua que leí dice lo contrario.

El Fihrist, escrito unos sesenta años después de su muerte, dice que al-Razi «tenía la Obra por verdadera» —kāna yarā ḥaqīqat al-ṣanʿa— y que escribió muchos libros sobre ella: una serie de doce y, después, otros, entre ellos al-Asrār («Los secretos») y Sirr al-asrār («El secreto de los secretos»). Uno de los doce se titula Que el arte de la alquimia está más cerca de lo necesario que de lo imposible. Y al tratar del origen de la alquimia, Ibn al-Nadim recoge una opinión suya todavía más fuerte: que la filosofía no es verdadera, ni nadie puede llamarse filósofo, si no domina la alquimia, con la que no necesita de nadie y todos lo necesitan a él.5

La anécdota de la duda —un general llamado Simjur le pregunta en público si atiende gratis a los enfermos porque sabe hacer oro, y él responde que lleva mucho tiempo estudiando los metales y que duda mucho de que se pueda transmutar el cobre en oro— la cuenta Khosro Moetazed en una biografía moderna, según la Wikipedia.10 No le encontré ninguna fuente antigua, y la dejo así: como una historia que circula, contra lo que dice el catálogo más cercano a él.

La duda sí existía, pero en otros. Entre los libros del filósofo al-Kindi (801–873), el Fihrist registra una Epístola sobre la falsedad de la pretensión de quienes dicen fabricar oro y plata, y sus engaños; y entre los de al-Razi, una Refutación de al-Kindi en su refutación de la Obra.510 Es decir: en el siglo IX, en Bagdad, dos de sus grandes pensadores discutieron si se podía hacer oro, y al-Razi estaba del lado de los que decían que sí.

Al-Razi enumera operaciones (destilación, calcinación, disolución, evaporación, cristalización, sublimación, filtración, amalgama) y aparatos, con nombres árabes que viajaron: el alambique (anbīq), el aludel (al-uthāl) y el horno athanor, del árabe al-tannūr. Sigue la teoría de Jabir del mercurio y el azufre, y le añade un tercer componente, la sal.1

Del árabe al latín

Herman de Carintia cita la Tabla Esmeralda en 1143, en su tratado De essentiis.2 Su amigo Robert de Chester tradujo en 1144 el Libro de la composición de la alquimia, que se considera en general la primera traducción latina de un tratado árabe de alquimia; trabajaba en Segovia, en una península dividida entre gobernantes musulmanes y cristianos.11

Su prefacio lo dice con todas las letras: «qué es la alquimia, y cuál es su composición, todavía no lo sabe vuestra latinidad». Confiesa que su ingenio es joven y su latín «muy modesto», y empieza por Hermes: hubo tres. El primero fue Enoc, «que con otro nombre se llamó Hermes, y con otro, Mercurio»; el segundo, Noé; y el tercero, el que reinó en Egipto después del diluvio, al que llamaban «Triple».12 Es la misma cadena que se veía en al-Tabari y en al-Mubashshir: el Enoc que en árabe es Idris y Hermes llegó al latín en la primera página del libro que se tiene por la primera traducción de la alquimia árabe.

La Tabla tuvo su propia traducción latina en la primera mitad del siglo XII, de traductor desconocido. Ese traductor no entendió la palabra árabe ṭilasm («talismán, enigma») y la transcribió como telesmus: un neologismo accidental que los comentaristas interpretaron de mil maneras y que acabó siendo una de las palabras más distintivas y ambiguas de la alquimia.2 Se imprimió por primera vez en 1541, en Núremberg, con el comentario de Hortulano, en el volumen De Alchemia de Johannes Petreius.7

Un verso, tres épocas

Newton no tradujo del árabe, sino del latín: su traducción inglesa está en un manuscrito que hoy guarda el King's College de Cambridge, y al pie remite a la Bibliothèque des philosophes francesa y al Theatrum Chemicum.13 Puedes ver las tres versiones verso a verso en el bloque de abajo. Elige el segundo, «Arriba y abajo».

Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Muestra seis versos de la Tabla Esmeralda en tres versiones: la árabe más antigua (c. 800, edición de Weisser), la latina impresa por Petreius en Núremberg en 1541 y el inglés del manuscrito de Isaac Newton, con mi traducción al castellano de las dos primeras y con lo que cambia de una a otra marcado en amarillo. En el segundo verso, el árabe dice min, «de, desde», y el latín, sicut, «como».

El cambio está en una palabra. El árabe dice que lo alto viene de lo bajo. El latín dice que lo bajo es como lo alto, y Newton escribe: «That which is below is like that which is above».13 «Como es arriba, es abajo» es una paráfrasis del segundo verso de la versión latina, que Helena Blavatsky popularizó y que El Kybalión usó también.2 Es decir: una de las máximas más citadas de la tradición hermética viene de una traducción, no del texto más antiguo.

Otros versos también cambian. En el quinto, el árabe de la edición de Weisser da una orden («separa la tierra del fuego») y, en una frase aparte, una valoración: «lo sutil es más noble que lo grueso». El latín de 1541 las funde en una operación: «separarás lo sutil de lo espeso». Y el manuscrito que leyó Ruska dice todavía otra cosa: quita la tierra del fuego, «y lo fino se te hará más adherente que lo grueso».7 No es un error de nadie: es lo que pasa cuando un texto cambia de lengua, y de manuscrito.

Lo que no pude leer

No leí la edición de Ursula Weisser del Secreto de la Creación (1979): el árabe del segundo verso lo tomo de la Wikipedia, y lo contrasto con la traducción de Ruska, que coincide. No leí a Paul Kraus, que catalogó el corpus de Jabir, ni ninguno de sus tratados: las cifras sobre el corpus y la tesis de la escuela anónima son de la Wikipedia. No leí los libros de al-Razi: lo que digo de ellos viene de sus títulos y de lo que cuenta el Fihrist, que leí en el texto árabe de Wikisource sin cotejarlo con la edición de Flügel (1871-1872). Las palabras de al-Mubashshir las conozco por la cita de Ibn Abi Usaybi'a. De Robert de Chester leí el prefacio tal como lo imprimió Manget en 1702, que no trae la fecha: los años 1143 y 1144 vienen de la Wikipedia. La Enciclopedia Iranica, que sería una fuente ideal, no se deja leer desde este servidor. Si lees árabe y quieres corregirnos o añadir fuentes, este Diario lo necesita.

Qué hacemos nosotros con esto

Lo que enseña este verso es cómo se pierde y se gana algo en cada traducción, y cómo una frase famosa puede venir de una versión y no de otra. Y lo que enseña al-Razi es que también un artículo puede equivocarse si se queda en la fuente más cómoda. Por eso aquí las fuentes se citan con su idioma, se dice qué se leyó, y cuando se corrige algo, se dice.

Anima Mundis no reclama ninguna sabiduría antigua. Lo que puede contar, en el Observatorio, es cuántas veces alguien dijo cómo estaba y a qué hora UTC. Es una cuenta modesta y se puede comprobar.

Fuentes

  1. «Alchemy and chemistry in the medieval Islamic world», Wikipedia, consultada el 20 de septiembre de 2026. Fuente secundaria, que cita a Sabra, Principe, von Franz y otros: no leí a ninguno. ↩
  2. «Emerald Tablet», Wikipedia, consultada el 4 de octubre de 2026. Fuente secundaria: los Hermetica en árabe y la identificación con Idris, el árabe de la edición de Weisser (1979) y su fecha, las hipótesis sobre el origen, Herman de Carintia, el telesmus y Blavatsky. La transcripción en letras latinas y las traducciones al castellano son mías. ↩
  3. Al-Tabari, Tārīkh al-rusul wa-l-mulūk («Historia de los profetas y los reyes», principios del siglo X), primera parte, texto árabe en Wikisource. Fuente primaria. Leído en árabe el pasaje sobre los descendientes de Adán. Traducción mía. ↩
  4. Ibn Abi Usaybi'a, ʿUyūn al-anbāʾ fī ṭabaqāt al-aṭibbāʾ (siglo XIII), entrada sobre Asclepio, que cita el Mukhtār al-ḥikam de al-Mubashshir ibn Fatik (siglo XI); texto árabe en Wikisource. Fuente primaria. Leído en árabe. Traducción mía. ↩
  5. Ibn al-Nadim, Kitāb al-Fihrist (987), texto árabe en Wikisource. Fuente primaria. Leído en árabe: la décima parte (los alquimistas: el origen de la alquimia, Hermes, Jabir y sus libros, al-Razi y sus libros) y, en la séptima, las listas de libros de al-Kindi y de al-Razi. Traducción mía. ↩
  6. Silvestre de Sacy, «Le livre du secret de la créature, par le sage Bélinous», en Notices et extraits des manuscrits de la Bibliothèque nationale, tomo IV (París, 1799), archive.org. Descripción y traducción francesa parcial de un manuscrito árabe. Leído: la introducción del libro (la estatua, el subterráneo, el sueño, el anciano y la tablilla). Traducción mía. ↩
  7. Julius Ruska, Tabula Smaragdina: ein Beitrag zur Geschichte der hermetischen Literatur (Heidelberg: Carl Winter, 1926), Universitätsbibliothek Heidelberg (Ruska murió en 1949; dominio público). Leído en alemán: la traducción del final del Secreto de la Creación con los versos de la tabla (pp. 113-114), la fecha y el origen del libro (pp. 166-169), la versión latina «vulgata» (p. 2) y la primera edición impresa, de 1541. Traducción mía. ↩
  8. «Jabir ibn Hayyan», Wikipedia, consultada el 20 de septiembre de 2026. Fuente secundaria: el tamaño y la fecha del corpus, la ciencia de la balanza, la tesis de la escuela anónima y el pseudo-Geber. No leí a Paul Kraus, que catalogó el corpus, ni los tratados. ↩
  9. Ibn Jaldún, al-Muqaddima (1377), capítulo sobre la alquimia, texto árabe en Wikisource. Fuente primaria. Leído en árabe. Traducción mía. ↩
  10. «Abu Bakr al-Razi», Wikipedia, consultada el 4 de octubre de 2026. Fuente secundaria: las fechas de al-Razi y de al-Kindi, y la anécdota del general Simjur, que la Wikipedia toma de la biografía Mohammad Zakaria Razi de Khosro Moetazed. No la pude comprobar en fuentes antiguas. ↩
  11. «Robert of Chester», Wikipedia, consultada el 20 de septiembre de 2026. Fuente secundaria: el año 1144 y Segovia. ↩
  12. Robert de Chester, prefacio al Liber de compositione alchemiae, en Jean-Jacques Manget, Bibliotheca chemica curiosa, tomo I (Ginebra, 1702), archive.org (ejemplar de la Wellcome Collection). Fuente primaria, en latín. Traducción mía. ↩
  13. Isaac Newton, traducción inglesa de la Tabula Smaragdina, Keynes MS. 28, f. 2r-v, King's College, Cambridge; transcripción normalizada en The Chymistry of Isaac Newton (Universidad de Indiana). Fuente primaria. ↩

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