El «Libro tibetano de los muertos» es un título de 1927

El «Libro tibetano de los muertos» se llama en tibetano «liberación por la escucha en el estado intermedio», y es un texto que se lee en voz alta al muerto, por su nombre, durante catorce días y más. Aquí va lo que dice, leído en la edición de 1927, y lo que esa edición le añadió.

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Una nota antes de seguir. Este artículo trata de un texto religioso sobre la muerte, no de cómo vivir un duelo, y no sustituye a nadie que acompañe. Si estás pasando por la muerte de alguien, o por pensamientos de hacerte daño, habla con una persona de confianza o con un profesional; findahelpline.com te lleva a una línea de ayuda en tu país.

El artículo anterior leyó una noche que se cuenta desde el otro lado. Este cambia de continente y de pregunta: qué se le dice a alguien que acaba de morir. Es el Bardo Thödol, que en Occidente se conoce como el Libro tibetano de los muertos. Leí, en inglés, la edición de 1927 que lo dio a conocer (la versión del lama Kazi Dawa-Samdup, editada por W. Y. Evans-Wentz), y no leí el texto tibetano. Lo que no leí, lo digo al final.

Un título de 1927

En tibetano se llama bar do thos grol: «liberación (grol) por la escucha (thos) en el estado intermedio (bar do)». Bar es «entre», y el bardo es el intervalo entre la muerte y el siguiente nacimiento. Según la Wikipedia en inglés, «Libro tibetano de los muertos» es un título que popularizó la edición de Evans-Wentz, calcado del Libro de los muertos egipcio, y no tiene relación con el título tibetano. La edición es de 1927, de Oxford University Press.1

La portada de aquel libro dice: The Tibetan Book of the Dead, or The After-Death Experiences on the Bardo Plane, according to Lama Kazi Dawa-Samdup's English Rendering, con prólogo de Sir John Woodroffe. Y, antes del texto, una cita de un libro medieval, el Horologium Sapientiae: «es una ciencia muy provechosa, sobre todas las demás, aprender a morir».2 La portada pone así el libro junto a una tradición europea de «aprender a morir».

Un texto para escuchar

No es un libro para leer en silencio. Es un guion que un guía lee, en voz alta, cerca de la persona que agoniza o que acaba de morir, llamándola por su nombre: «Oh, bien nacido…». La traducción de 1927 llama a esa acción setting face to face, «poner cara a cara»: cada pasaje le dice al difunto qué va a ver y qué debe hacer.2

Según la tradición tibetana, que recoge la Wikipedia, el texto lo compuso en el siglo VIII Padmasambhava, lo puso por escrito su discípula Yeshe Tsogyal, y quedó enterrado en las colinas de Gampo, en el centro del Tíbet, hasta que en el siglo XIV lo descubrió un tertön («descubridor de tesoros escondidos»), Karma Lingpa. Forma parte de un ciclo mayor de enseñanzas, y hay versiones de distintos tamaños.1

Distingue tres estados intermedios. El chikhai bardo, el del momento de la muerte, en el que aparece la «luz clara de la realidad». El chonyid bardo, el de la experiencia de la realidad, con visiones de formas de Budas. Y el sidpa bardo, el del renacer, con visiones impulsadas por el karma que acaban en un nacimiento. Además nombra otros tres bardos: la vida, la meditación y el sueño.1 El propio texto dice que quienes reciban esta enseñanza y la reconozcan en el momento de la muerte obtendrán el cuerpo de la verdad «sin ningún estado intermedio, por el Gran Camino Perpendicular». Para los demás hay más oportunidades: «como los peldaños de una escalera», dice el cierre, «hay muchas clases de poner cara a cara».2

Los catorce días

Lo que más se recuerda del libro son las catorce jornadas del chonyid bardo. Los siete primeros días son los de las deidades pacíficas: cada día aparece una luz de sabiduría, con su color y su deidad, y con ella brilla otra, tenue, que pertenece a uno de los seis mundos de renacimiento: la de los dioses, la del infierno, la de los humanos, la de los espíritus hambrientos, la de los semidioses celosos, la de los animales. El texto le pide al difunto que no huya de la luz deslumbrante y que no se aficione a la tenue. Los siete días siguientes son los de las deidades iracundas; en lo que leí ya no hay luz tenue, y el texto solo pide reconocerlas.2

Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Recorre los catorce días del Chonyid Bardo y el juicio del Sidpa Bardo, según el Bardo Thödol en la edición de 1927. Cada día muestra qué aparece, la luz de sabiduría y la luz tenue que atrae (con su color escrito), una cita literal en inglés del libro, mi traducción y una nota. El primer día, por ejemplo, aparece Vairochana con la luz azul, y con ella «una luz blanca tenue, la de los devas».

La frase que lo sostiene

En los catorce días, y sobre todo en los siete últimos, la misma frase vuelve una y otra vez, con variantes. La versión de 1927 la pone así: «cualquier visión temible y aterradora que veas, reconócela como tu propia forma de pensamiento» (recognize them to be thine own thought-forms). Antes de entrar en el chonyid, el guía le dice al difunto que en esa frase «yace el secreto vital del reconocimiento», y le da unos versos para repetir: «que reconozca cuanto aparezca como reflejos de mi propia conciencia».2 A las deidades iracundas, el texto las hace salir del «cerebro» del propio difunto, y añade: «el vacío no puede dañar al vacío».2

Esa idea, que las visiones no vienen de fuera, es lo que hizo que el libro pareciera moderno. Evans-Wentz lo dice en su introducción, y añade algo que no está en el texto: que, como a cada uno se le enseña, cada uno cree, y por eso para un budista de otra escuela, un hindú, un musulmán o un cristiano «las experiencias del bardo serían apropiadamente distintas»: el cristiano vería el cielo cristiano; el musulmán, el paraíso musulmán.2 Eso es la lectura del editor, no lo dice el texto.

El juicio

En el sidpa bardo hay una escena que en el libro de 1927 tiene una lámina propia. El Señor de la Muerte pesa las obras: el buen genio, que nació junto con el difunto, cuenta las buenas con guijarros blancos, y el mal genio cuenta las malas con guijarros negros. El difunto, aterrado, «intentará mentir, diciendo: “No he cometido ningún mal”». Entonces el Señor de la Muerte dice: «Consultaré el Espejo del Karma», «en el que se refleja vívidamente cada acto bueno y malo». Y el texto avisa: «mentir no servirá de nada». Y también, de inmediato, que ese cuerpo es «un cuerpo mental, incapaz de morir».2

Una nota del libro lee la escena como una escena de la conciencia: el Juez es la conciencia misma en su aspecto severo, y el Espejo es la memoria.2 Y en la introducción, el editor pone al lado la balanza egipcia y el mito de Er de Platón, en el libro X de la República, como versiones de un mismo juicio.2 No leí el mito de Er para este artículo: lo dice el editor, y lo cito como suyo.

Quién lo tradujo, y con qué ojos

El libro de 1927 no es el texto tibetano: es la versión inglesa del lama Kazi Dawa-Samdup, con las notas y la introducción de Evans-Wentz. Según la Wikipedia en inglés, Evans-Wentz (1878–1965) fue un antropólogo estadounidense que había estudiado folclore celta en Oxford y que, desde joven, estaba en la Sociedad Teosófica.3 John Myrdhin Reynolds, que cita la Wikipedia, dice que esa edición introdujo malentendidos: que Evans-Wentz no conocía bien el budismo tibetano, que su lectura era «fundamentalmente ni tibetana ni budista, sino teosófica y vedantina», con un vocabulario tomado del hinduismo, y que la traducción la proporcionaron sobre todo dos lamas de habla inglesa.1 El libro de 1927, en cambio, da el mérito principal al lama Kazi Dawa-Samdup y Evans-Wentz dice de sí mismo que fue «poco más que un compilador y editor».2 No sé cómo se concilia.

Es una crítica que hay que tener presente al leer las citas de este artículo. Las traducciones más recientes (Fremantle y Trungpa en 1975, Thurman en 1994, Dorje, Coleman y Jinpa en 2005) las conozco solo por su nombre en la Wikipedia.1

Después de 1927

Según la Wikipedia, una tercera edición del libro añadió un comentario psicológico de Carl Jung, en el que Jung lee las visiones como contenidos del inconsciente y avisa de los peligros de que el occidental adopte sin más las tradiciones orientales.1 En 1964, Leary, Metzner y Alpert publicaron The Psychedelic Experience, una guía para viajes con LSD basada libremente en la edición de 1927; y «Tomorrow Never Knows», de los Beatles (1966), se inspiró en esa guía.1 El texto que se leía a los muertos se volvió, en Occidente, un espejo para otras cosas.

Lo que no pude leer

No leí el texto tibetano ni ninguna traducción posterior a 1927. Lo que leí, en inglés, en el libro de 1927: el arranque del texto, los catorce días (sus comienzos y los pasajes sobre las luces tenues), el juicio, el cierre, la introducción de Evans-Wentz y varias de sus notas; no leí el libro entero. La versión de Kazi Dawa-Samdup es de hace un siglo, con vocabulario teosófico según Reynolds: no puedo juzgar cuánto se aparta del tibetano. Lo de Jung, Leary, los Beatles y la crítica de Reynolds lo tomo de la Wikipedia; no leí a Jung, ni a Lopez, ni a Cuevas. Que el libro sea de dominio público es por su fecha: 1927, en Estados Unidos.

Qué hacemos nosotros con esto

El guía del texto empieza diciéndole al difunto algo que sirve a quien lee esto: «Te vas de este mundo, pero no eres el único; la muerte llega a todos».2 Anima Mundis no acompaña a quien muere ni lo pretende: es un lugar donde 3, 5 o 7 desconocidos coinciden diez minutos, sin nombres. Lo único que comparte con el texto es esa frase. Lo que el Observatorio cuenta son las voces que llegaron y a qué hora UTC, y nada más.

Fuentes

  1. «Bardo Thodol», Wikipedia, consultada el 21 de septiembre de 2026. Fuente secundaria: el título tibetano, la tradición sobre su origen, Karma Lingpa, los bardos, la edición de 1927, la crítica de Reynolds, el comentario de Jung y las obras posteriores. Traducciones mías. ↩
  2. W. Y. Evans-Wentz (ed.), The Tibetan Book of the Dead, or The After-Death Experiences on the Bardo Plane, according to Lama Kazi Dawa-Samdup's English Rendering (Oxford University Press, 1927), archive.org (dominio público en EE. UU. por su fecha de publicación). Fuente primaria en versión inglesa, con introducción y notas del editor. Leída en inglés: el arranque, los catorce días, el juicio, el cierre y partes de la introducción y las notas. Las citas inglesas de la pieza están copiadas literalmente del libro (el generador lo comprueba); las traducciones al castellano son mías, sobre ese inglés. ↩
  3. «Walter Evans-Wentz», Wikipedia, consultada el 21 de septiembre de 2026. Fuente secundaria: vida y formación. Traducción mía. ↩

Cada luz del cielo es alguien que dijo cómo estaba.

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