Suhrawardi y el Simurg: el pájaro de Avicena, en persa
Suhrawardi (1154–1191) escribió en persa tres textos con pájaros. Uno es su traducción del tratado del pájaro de Ibn Sina; en otro, una abubilla se hace Simurg en mil años; en un tercero, el espejo del Simurg deslumbra. Aquí van, leídos en persa y puestos junto al poema de Attar.
El artículo anterior leyó una enciclopedia otomana en turco. Este vuelve a Irán y retoma un cabo suelto del artículo sobre Avicena: su Tratado del pájaro, que allí no pude leer. Lo he leído ahora en la versión persa de Suhrawardi, un filósofo de la misma época que Attar, y junto a él dos textos más de Suhrawardi con pájaros, uno de ellos con un Simurg. Los leí en la edición persa-inglesa de W. M. Thackston (1999), y las frases persas que cito las transcribí de sus páginas. Lo que no leí, lo digo al final.
Quién fue
Según la Wikipedia en inglés, Shihab al-Din Yahya ibn Habash Suhrawardi nació en 1154 en Suhraward, un pueblo entre Zanján y Bijar, en el actual Irán, estudió en Maraga, y pasó unos años en Irak y Siria. Fue el fundador de la escuela de la Iluminación (ishrāq), y se le llama «el maestro de la Iluminación» y «el maestro asesinado». La versión más repetida es que lo ejecutaron en Alepo por orden de al-Malik al-Zahir, hijo de Saladino, acusado de enseñanzas batiníes; hay otras tradiciones sobre la muerte, y las fechas no coinciden: la Wikipedia da 1191 como final de su vida y dice que la ejecución pudo ser entre 1191 y 1208.1
Thackston explica que los textos cortos de Suhrawardi, los relatos (risāla), siguen una forma que Ibn Sina había usado antes, y que, a diferencia de Ibn Sina, Suhrawardi eligió el persa para ellos. Thackston recuerda además que, en el Relato del exilio occidental, Suhrawardi confiesa haberse decepcionado con el Hayy ibn Yaqzan y el Salaman y Absal de Ibn Sina, porque el gran misterio no se decía en el primero y quedaba escondido tras símbolos de filósofos en el segundo.2
Un pájaro de Avicena, en persa
El primero de los textos que edita Thackston es El tratado de los pájaros (Tratado I), y una nota suya dice que es la traducción persa que Suhrawardi hizo de la Risālat al-ṭayr de Ibn Sina. La rúbrica persa dice: «Traducción de “la lengua de la verdad”, que es el Tratado del pájaro».2 No leí el original árabe de Ibn Sina, solo esta versión.
El narrador es un pájaro que vuela con su bandada y cae en la red de unos cazadores que ponen cebos y espantapájaros y hacen llamadas tan atractivas que los engañan. Atrapados, tardan tanto en acostumbrarse a las ataduras que olvidan cómo eran. Un día ve que unos compañeros han sacado la cabeza y las alas de la red y se disponen a volar, con restos de grilletes en las patas, y recuerda quién era y se avergüenza. Los compañeros desconfían, pero terminan ayudándolo. Cuando pide que le quiten también el grillete de la pata, ellos le dicen que, si pudieran, se lo habrían quitado antes a sí mismos: «nadie busca cura en un médico enfermo».2
Vuelan entre dos caminos hasta una cima desde la que ven ocho montañas más. Cruzan seis, y en la séptima hay jardines con tanta belleza que, según el texto, hechizaba el ojo y apartaba la mente del cuerpo; una voz avisa de que no hay seguridad sin precaución ni fortaleza más fuerte que el escepticismo, y siguen. En la octava un gobernador los acoge y les habla de una ciudad en lo alto donde vive el rey. Allí, un pabellón y un patio tan vastos que no se abarcan con la vista, y otro más allá, y en la cámara el resplandor del rey los deslumbra tanto que pierden el conocimiento. El rey los reanima y los deja hablar; ellos piden que les quite los restos de grilletes, y el rey responde que solo quien los puso puede quitarlos, y les da un mensajero para obligar a que los quiten.2
Aquí no hay Simurg, hay un rey. Y el final tiene un giro que a este Diario le interesa. Los amigos del narrador, al oír el relato, le dicen que lo han hechizado un hada o un demonio: «tú nunca volaste; tu mente es la que voló», que debe de tener demasiada bilis amarilla, y que tome una infusión de epitimo, se dé baños tibios, se unte de aceite de nenúfar y no piense demasiado. Thackston anota en el pie que el epitimo y el aceite de nenúfar se recetan para la melancolía en los tratados médicos de al-Razi y en el Canon de Avicena.2 Es la melancolía de los antiguos que aparece en el artículo sobre Ficino, Saturno y Durero, aquí como el diagnóstico con que los demás despachan a quien ha vuelto de un viaje. El texto termina así: «mi esperanza está en Dios, y quien no haga caso de lo que he dicho es un ignorante», y una cita coránica contra los injustos.
La abubilla que se hace Simurg
El Tratado VIII se llama Ṣafīr-i Sīmurgh, «El grito agudo del Simurg», y es un texto original de Suhrawardi. Empieza con una tesis sobre el pájaro: toda abubilla que abandona su nido en primavera, se arranca las plumas con el pico y se va hacia el monte Qaf, quedará bajo la sombra de Qaf durante mil años, y el texto cita el Corán 22:47 («un día junto a tu Señor es como mil años de los que contáis»). Esos mil años, en el calendario de la gente de la verdad, «son un solo rayo de aurora del oriente del reino divino». Y sigue:2
درین مدت سیمرغی شود که صفیر او خفتگان را بیدار کند
«En este tiempo se hace un Simurg, cuyo grito despierta a los dormidos.» El nido del Simurg está en Qaf. «Su grito llega a todos, pero tiene pocos oyentes; todos están con él, pero la mayoría están sin él.»2
El resto de la descripción es de este estilo: vuela sin moverse y se eleva sin alas, se acerca sin recorrer espacio, todos los colores vienen de él y él no tiene ninguno, su nido está en oriente y el occidente no está vacío de él. Y el texto pregunta: «Si no has visto a Salomón, ¿qué sabes del lenguaje de los pájaros?». Es la misma frase del Corán (27:16) que da título al poema de Attar, como se cuenta en el artículo sobre Attar.2
En Attar, la abubilla guía y el Simurg está al final del camino. Aquí la abubilla, con el tiempo, es el Simurg. El tratado sigue con dos partes, una sobre los orígenes y otra sobre los fines: la aniquilación, el deleite en Dios. Leí el arranque y el final. El final está lleno de sufíes acusados de herejía: el ejecutor está a punto de matar a Nuri, y Nuri se adelanta a ser el primero en morir para regalar a sus hermanos el momento de vida que le queda; y Hallaj, mientras lo crucifican, dice: «el fin del extático es que el Uno lo reduzca a la unidad total».2 Que Suhrawardi terminara asesinado es una resonancia que pongo yo; el texto no la dice.
El Simurg del espejo
En el Tratado III, El intelecto rojo, el narrador es un halcón que habla con un viejo. El viejo dice que el Simurg tiene su nido en lo alto del árbol Tuba: al amanecer sale y extiende el ala sobre la tierra, y de su efecto salen los frutos y las plantas. Es el Simurg que crió a Zal, y el narrador pregunta cómo Rustam mató a Esfandiar con su ayuda.2
La respuesta es distinta de la que recoge la Wikipedia del Shahnameh, donde a Esfandiar lo mata una flecha, con consejo del Simurg.3 Suhrawardi lo cuenta así:
در سیمرغ آن خاصیت است که اگر آیینهای یا مثل آن برابر سیمرغ بدارند هر دیده که در آن آیینه نگرد خیره شود
«El Simurg tiene esta propiedad: si se le pone delante un espejo o algo parecido, cualquier ojo que mire en él queda deslumbrado.» Zal manda hacer una coraza de hierro pulido, un yelmo pulido, y cubre de espejos el caballo de Rustam; cuando el Simurg se pone frente a Rustam, los rayos del ave caen sobre la coraza y los espejos, y el reflejo hiere los ojos de Esfandiar, que cree que se los han atravesado, cae del caballo y muere a manos de Rustam.2 No sé si esa versión es anterior a Suhrawardi o invención suya: no lo encontré.
El viejo añade que no hay un solo Simurg: a cada instante viene uno desde el Tuba y se va otro, y luego explica los doce talleres, los siete maestros (que Thackston identifica con los siete cuerpos planetarios, de Saturno a la Luna) y la cota de malla de David, que dice que son los grilletes: a un halcón como el narrador le ponen la cota al cuello. La espada Balarak, que la rompe, está en manos de un verdugo; parece ser la muerte, y es lectura mía.2
Cuatro pájaros, en paralelo
Según la Wikipedia, el poema de Attar es de 1177,3 y Suhrawardi vivió hasta 1191.1 No digo que uno leyera al otro: no encontré nada que lo diga. Lo que sí se ve es que en persa, en el siglo XII, hay al menos varias maneras de contar un pájaro que llega a algo, y que el espejo aparece en dos de ellas. La pieza de abajo pone en paralelo los tres textos de Suhrawardi y el poema de Attar.
Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Pone en paralelo cuatro textos persas de pájaros: los pájaros cazados (el tratado de Ibn Sina en la versión de Suhrawardi), la abubilla que se hace Simurg en mil años, el Simurg cuyo espejo deslumbra y los treinta pájaros de Attar. De cada uno dice quién vuela, qué es el Simurg (o el rey), qué papel tiene el espejo y cómo sigue o acaba, con una frase en persa. Como referencia: en Attar, el espejo devuelve treinta pájaros a los treinta que llegaron; en Suhrawardi, el espejo deslumbra a quien mira.
Son cuatro formas de contar lo que hay al final: un rey cuyo resplandor hace perder el conocimiento, un pájaro que en mil años se hace la meta, un Simurg cuyo espejo ciega y un espejo que devuelve treinta pájaros. La diferencia más clara es el espejo: en Suhrawardi deslumbra y en Attar devuelve.
Lo que no pude leer
Leí a Suhrawardi en una copia digitalizada del libro de Thackston (Mazda, 1999). Es un libro con derechos de autor: cito frases breves y no lo reproduzco. El persa que cito, transcrito por mí del escaneo, es el texto que edita Thackston; no lo cotejé con las ediciones de Corbin y de Nasr ni con ningún manuscrito. Del Tratado I leí todo; de los tratados III y VIII, solo los pasajes de los que hablo (el resto, en inglés y a saltos); los demás tratados, apenas los ojeé. La numeración de los tratados es la de Thackston. No leí el original árabe de Ibn Sina ni sé cuándo se escribió cada texto de Suhrawardi. La vida y la muerte de Suhrawardi las tomo de la Wikipedia, y mi persa es de lector, no de especialista: si lees persa y ves un error, este Diario necesita que lo digas.
Qué hacemos nosotros con esto
Hay una frase de Suhrawardi que sirve al Observatorio: el grito del Simurg «llega a todos, pero tiene pocos oyentes». Es lo que pasa con la hora del mundo: a cualquiera le llega, y solo escucha quien coincide. Lo que el Observatorio cuenta son las voces que llegaron y a qué hora UTC, y nada más: cuántos escucharon, no lo que oyó cada uno.
Fuentes
- «Shahab al-Din Yahya ibn Habash Suhrawardi», Wikipedia, consultada el 21 de septiembre de 2026. Fuente secundaria: fechas, formación, la escuela de la Iluminación, «el maestro asesinado», la ejecución en Alepo y las tradiciones discrepantes. Traducciones mías. ↩
- Shihabuddin Yahya Suhrawardi, The Philosophical Allegories and Mystical Treatises: A Parallel Persian-English Text, edición y traducción de Wheeler M. Thackston, Jr. (Costa Mesa, California: Mazda Publishers, 1999). Fuente primaria (texto persa editado) con traducción y notas modernas. Leída en una copia digitalizada, con derechos de autor: la introducción y sus notas, el Tratado I entero (pp. 1–7), el Tratado VIII (pp. 91–105, el arranque y el final, y la traducción inglesa) y el Tratado III (§9–10, p. 27, en persa; el resto en inglés). Las frases persas están transcritas por mí de las páginas; las traducciones al castellano son mías, sobre el persa, y las citas de Thackston, en inglés y breves. ↩
- «Simurgh», Wikipedia, consultada el 21 de septiembre de 2026. Fuente secundaria: el Simurg en el Shahnameh (Zal, Rustam y Esfandiar, con la flecha del Simurg) y el poema de Attar, que se fecha allí en el siglo XII. La fecha de 1177 es de la Wikipedia, «The Conference of the Birds». ↩