Metales y alma en el Marifetname, sin decir «alquimia»

El Marifetname (1757), una enciclopedia otomana en turco, tiene casi todas las piezas de esta serie: el alma universal, los metales hechos de mercurio y azufre, la escala de perfección y el cuerpo como mundo pequeño. Pero en el texto que pude leer no aparece una sola vez la palabra alquimia.

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Después de la china, la árabe, la india y la persa, este artículo va a la tradición turca. Con una advertencia: no encontré un tratado turco de alquimia que pudiera leer. Lo que sí pude leer, en turco, es una enciclopedia otomana de 1757 que trata de los metales, del alma y del cosmos. Y lo llamativo es lo que no dice: en las 43 partes que hay del libro en Wikisource no aparece ni una vez kimya, simya, iksir (elixir) ni kimyager (alquimista). Cuento qué sí dice, y con qué garantías.

Quién y qué libro

Erzurumlu İbrahim Hakkı (1703–1780) fue un sufí y sabio de Erzurum. Terminó el Marifetname («el libro del conocimiento») en 1757. Según la Wikipedia en turco está escrito en una lengua sencilla, que el pueblo pudiera entender; según el propio autor, tal como lo recoge esa Wikipedia, usó unos 400 libros; y, según esa Wikipedia, ahí se describe por primera vez, por un sabio, el sistema solar de la «nueva astronomía».1 Es una enciclopedia de unas 600 páginas grandes, con un prefacio, tres libros y un final de ética, impresa en El Cairo (1836, 1864) y en Estambul (1868, 1889, 1914), y traducida al árabe y al persa.2

Con qué garantías. El texto que leí es el de Wikisource en turco. Es una versión al turco actual, sin autor ni traductor identificados, y no la pude cotejar con el original otomano (que la Wikipedia en turco enlaza en HathiTrust, y no sé leer). La propia página de discusión de Wikisource dice, desde 2013, que está «muy incompleta» respecto al libro entero. Tiene 43 partes con texto, unos 950 000 caracteres; las partes 32 y 44 de su índice no existen. Lo que cito, por tanto, es lo que dice esa versión, y puede diferir del original.3

Un libro de ciencia sin la palabra «alquimia»

Busqué en las 43 partes kimya, kîmyâ, simya, iksir, kimyager y «hacer oro»: ninguna aparece. Esto no quiere decir que el mundo otomano no tuviera alquimia. Un estudio de İrfan Elmacı (2018) dice que en los primeros siglos del imperio pesó mucho la ciencia islámica medieval, también en química; que los sabios otomanos trabajaron en química y experimentaron (İznikli Fazıl Ali Bey, m. 1609, aparece como un nombre conocido de la tradición alquímica otomana); y que en el siglo XVIII la química otomana vivía sobre todo en la medicina, con médicos como Ömer Şifâî (m. 1742 o 1746) y Bursalı Ali Münşi (m. 1734).4 El Marifetname es otro género: filosofía natural para conocer a Dios. Lo dice en el libro segundo, sobre la anatomía: quien no la conoce es descuidado con la medicina, la sabiduría y el conocerse a sí mismo, y está lejos de conocer a Dios.5 Es el mismo motivo con el que Ghazali abría su libro en el artículo persa: conocerse es la llave.

El mundo empieza por el alma

El libro cuenta el origen del cosmos dos veces, y no las concilia.

En la primera (parte 1), Dios era un «tesoro escondido» en el grado de la unidad y, queriendo ser conocido, creó primero una «sustancia» verde y reluciente, a la que llaman la primera sustancia, la luz de Muhammad, la Cevh-i mahfuz («sustancia guardada»), el intelecto universal (akl-ı kül) y el «espíritu relativo». De ella salió primero el küllî nefs, el alma universal, y luego las almas de los ángeles, de las plantas y de las naturalezas: catorce clases de almas. A la región de en medio, la de las almas, la llaman «mundo de los significados» y «mundo de los mandatos» (emirler âlemi), que corresponde al ʿālam-e amr que Ghazali nombraba en persa (la comparación es mía). Dos mil años después, dice, creó el mundo de los cuerpos.6

En la segunda (parte 6), que atribuye a «los filósofos», Dios creó primero el intelecto universal, y le dio tres conocimientos: conocer a Dios, conocerse y conocer su necesidad. De cada uno salió una cosa: del primero, un segundo intelecto; del segundo, un alma, «a la que llaman alma universal»; del tercero, un cuerpo, la esfera mayor. Y así, de intelecto en intelecto, hasta nueve intelectos, nueve almas y nueve esferas.7

Es lo que el artículo sobre el anima mundi llamó alma del mundo: aquí es de lo primero que se crea: en un relato, justo después del intelecto; en el otro, antes que las demás almas. No sé por qué caminos llegó esa idea a este libro, y no afirmo ninguna filiación: el texto solo dice «los filósofos».

Los metales: mercurio y azufre

En la parte sobre los minerales, el texto dice que los siete cuerpos famosos (oro, plata, cobre, estaño, hierro, plomo y bronce) «se forman solo de las diferencias y mezclas de mercurio y azufre en cantidad y cualidad».8 Y da seis reglas, según que el mercurio y el azufre sean puros o estén «dañados» y según la cocción: el oro sale de mercurio y azufre puros, bien medidos, con azufre que tiñe, cocidos «durante muchos miles de años»; la plata, de los dos puros con azufre blanco; el plomo, de los dos dañados; y así. Es la teoría del azufre y el mercurio que vimos en Jabir, con más detalle sobre la pureza y el tiempo de cocción.

Aquí hay una pieza interactiva que necesita JavaScript. Permite elegir cómo están el mercurio (puro o dañado) y el azufre (puro con fuerza de teñir, puro y blanco, o dañado) y cómo va la cocción (larga y completa, cortada por el frío, o sin quemarse), y muestra qué metal dice el Marifetname que sale, con la frase en turco y mi traducción, o que el texto no lo dice. Al final lista las seis reglas. No dice lo que pasa de verdad: el oro, la plata, el cobre, el estaño y el plomo son elementos y no llevan mercurio ni azufre.

Dos cosas. La primera: el texto dice que la diferencia entre los metales «se sabe por experiencia» (tecrübe ile bilinmiştir) que viene del azufre y del mercurio. Hoy se sabe que no: son elementos. La regla es de un texto, no un resultado de laboratorio.

La segunda: en el párrafo del cobre está lo más cerca que el pasaje llega de la alquimia. El cobre, dice, está cerca de la plata: la diferencia es solo la rojez del color, la abundancia de suciedad, la sequedad de su naturaleza, el sabor áspero y el olor. Y añade:8

Şu halde onu, beyazlatmaya ve yumuşatmaya gücü yeten kimse, her ihtiyacına zafer bulmuştur.

«Así pues, quien tenga fuerza para blanquearlo y ablandarlo ha hallado el triunfo para toda necesidad.» No hay método, no hay nombre, no hay promesa. Ghazali, en persa, decía que entre el cobre y el oro la diferencia «no es más que amarillez y peso». Hay un parecido de fondo: los dos ven, entre metales, diferencias de color, peso o sequedad, y no de esencia. La comparación es mía; nada indica que uno conociera al otro.

Una escala de perfección

Los metales son el primer peldaño de una escala. El texto (parte 28) dice que los primeros grados del cosmos son la tierra densa, y los últimos, el alma pura, muy sutil. Los minerales, en su comienzo, tocan la tierra y el agua, y en su final, las plantas; las plantas tocan a los animales; los animales, a los humanos; y los humanos, en su final, alcanzan las almas puras de los ángeles. Sigue un poema de İbrahim Hakkı, y su glosa en prosa: la perfección de la tierra es la planta, la de la planta es el animal, la del animal es el humano, y la del humano es «llegar al amor del Glorioso»; el amor contempla las cosas y gira sin cesar, y la generación y la corrupción son en cada instante «una creación nueva».8

El cuerpo como mundo pequeño

En el segundo libro, en la sección que quiere aplicar el humano al mundo (parte 43), «los que saben» dicen que Dios creó los dos mundos y todo lo que contienen para el ser humano, para que este, al hallar su parecido en su propio cuerpo, se conozca y con eso conozca a Dios. Y que el cuerpo humano es el mundo pequeño y el espíritu humano, el mundo grande. Lo que hay en el mundo, dicen, tiene su parecido en el cuerpo: como en la tierra hay montañas, en el cuerpo hay huesos; como hay ríos, hay sangre en las venas; como hay terremotos, hay temblores y estornudos. El cuerpo tiene doce aberturas y el cielo, doce signos; el cielo tiene 360 grados y el cuerpo 360 vasos sanguíneos; las cuatro mezclas del cuerpo corresponden a los cuatro elementos. Y los siete planetas tienen su órgano: el pulmón, la Luna; el estómago, Mercurio; el riñón, Venus; el corazón, el Sol; la bilis, Marte; el hígado, Júpiter; el bazo, Saturno.9

En el artículo sobre la melancolía, Saturno era el planeta de Ficino y de Durero; aquí Saturno tiene el bazo. La correspondencia es una lista más: no la pude contrastar con otra fuente, y lo que dice de fondo (que el cuerpo copia el cosmos) no tiene apoyo en lo que hoy se mide.

El texto sabe que la lista no cierra: «no cabe en este libro, ni en cien mil libros; solo cabe en el corazón del sabio». Y el pasaje anterior, sobre el mismo tema, termina con estos versos, que traduzco de la versión en turco actual:9

Bil ey insan / Elbet sen kâinatın toplamısın

«Sabe, humano: eres, sin duda, la suma del cosmos.»

Lo que no pude leer

Leí en turco, en la versión de Wikisource, pasajes de las partes 1, 6, 28, 29 y 43 del Marifetname (no las partes enteras) y busqué palabras en las 43. No leí el resto. No pude cotejar con el original otomano ni identificar quién hizo esta versión, y esa versión está incompleta. No leí a los «filósofos» que el texto invoca sin nombrarlos, ni sé de dónde toma İbrahim Hakkı sus fuentes (según la Wikipedia en turco, dice que fueron 400 libros). Del contexto histórico solo leí el estudio de Elmacı, y solo su parte otomana; no leí a Fazıl Ali Bey, ni a Ömer Şifâî ni a Bursalı Ali Münşi. Vi, en la búsqueda de Wikisource, versos turcos que usan kîmyâ como imagen (un poema bektasí de Husrev y el Leylâ vü Mecnûn de Fuzûlî, entre otros), pero no los leí en contexto. Mi turco es de lector, no de especialista: si lees turco otomano y ves un error, este Diario necesita que lo digas.

Qué hacemos nosotros con esto

En esta serie la alquimia ha aparecido de tres maneras: como oficio sobre las cosas (el cinabrio, el mercurio), como trabajo sobre la persona (Ghazali) y aquí, sin nombre, como parte de una filosofía natural que va del alma universal hasta el cobre y vuelve al cuerpo. El Marifetname no promete transformar nada: quiere que el lector se conozca y, con eso, conozca a Dios.

El alma del mundo, en este libro, es un lugar en un esquema: de lo primero que se crea. No es algo que se pueda medir. Anima Mundis no la mide ni la declara. Lo que puede contar, en el Observatorio, es cuántas veces alguien dijo cómo estaba y a qué hora UTC. Es una cuenta modesta y se puede comprobar.

Fuentes

  1. «Erzurumlu İbrahim Hakkı», Wikipedia en turco, consultada el 20 de septiembre de 2026. Leída en turco. Fuente secundaria. ↩
  2. «Marifetname», Wikipedia en turco, consultada el 20 de septiembre de 2026. Leída en turco: fecha, ediciones, estructura y traducciones. Fuente secundaria. El texto otomano completo que enlaza está aquí; no lo pude leer. ↩
  3. «Marifetname», Wikisource en turco, y su página de discusión, consultadas el 20 de septiembre de 2026. Descargué las 43 partes que existen (1–31, 33–43 y 45) y busqué en local. Ninguna da autor ni traductor, y la página índice lleva la plantilla «kaynaksız» (sin fuente). ↩
  4. İrfan Elmacı, «Simyadan Kimyaya: Osmanlı İmparatorluğunda Teknoloji», Osmanlı Bilimi Araştırmaları XIX, 2 (2018): 265–287, DergiPark, consultado el 20 de septiembre de 2026. Fuente secundaria, leída en turco; solo la sección sobre la química en los otomanos. No leí a los autores que cita. ↩
  5. Marifetname, parte 29, en Wikisource en turco. Leída en turco. Frase sobre la anatomía: «anatomi ilmini bilmeyen, tıptan, hikmetten ve kendini tanımaktan gafil, Hak'kı tanımaya ulaşmaktan uzaktır». Traducción mía. ↩
  6. Marifetname, parte 1, en Wikisource en turco. Leída en turco. El texto lo presenta como acuerdo de comentaristas y tradicionistas; no comprobé esa afirmación. Traducción mía. ↩
  7. Marifetname, parte 6, en Wikisource en turco. Leída en turco el arranque del segundo capítulo. Traducción mía. ↩
  8. Marifetname, parte 28, en Wikisource en turco. Leída en turco. Las frases turcas de la pieza interactiva y de este artículo están copiadas literalmente de esa versión. Traducciones mías; «tunç» lo entiendo como bronce por el contexto y no lo comprobé en un diccionario. ↩
  9. Marifetname, parte 43 (segundo libro, quinto «bahis»), en Wikisource en turco. Leídos en turco los pasajes citados (el mundo grande y el pequeño, y las correspondencias). Traducciones mías; el poema lo cito por su glosa en turco actual. ↩

Cada luz del cielo es alguien que dijo cómo estaba.

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